martes, 5 de marzo de 2019

TOQUE DE QUEDA.

A veces hay palabras que me parecen lejanas, otros días, como hoy, las entiendo.

Hoy un señor (entre 50 y 60 años, alto, delgado, moreno y canoso) en la combi que tomo para mi casa, me sonrió, yo con cierta desconfianza, duda y obligación le respondí por empatía porque, a veces, es difícil adivinar las intenciones de ciertos gestos. Me he acostumbrado a andar con cara seria, despreciable y payasa para marcar mi territorio y protegerme pero a veces me duele la cara, pienso que no todos quieren acosarme (que simplemente es una muestra de empatía porque aún existe sinceramente, no es solo un disfraz) y bajo la guardia, como hoy, pero resulta que mi intuición se activa. Después de esa recíproca "empatía" lo ignoré para dejarle claro que no me interesaba ni platicar con él. Hay días en las que confronto las miradas y sin palabras les digo -sé que me estás viendo, ¿Qué quieres?, no me voy a cohibir, agachar o dejar, no te tengo miedo, defenderé mi vida hasta el final- pero hay días, como hoy, que no tengo ganas, ánimo o fuerza para confrontar y prefiero ignorarlos, hacerlos invisibles. Me di cuenta que buscaba que lo viera y yo lo seguí ignorando, luego vi que discretamente solo estaba al pendiente de mi bajada de la combi y así fue. Quedamos tres pasajeros, él, una señora que iba adelante con el chofer y yo, me hice a la desentendida hasta que ya no pude más y tuve que pedir mi parada, esperó a ver en dónde bajaba para abrirme la puerta y vi la intención de querer marcar que ese también era su destino, al ver esto pensé en dicerle al chofer -ay no es cierto, bajo en la otra esquina- para que ese señor se bajara, pero en segundos pensé, ¿Y si no se baja?, la otra calle está más oscura, ¿Tendré el valor de decirle que se baje porque ahí era su supuesto destino?, pero el chofer presionó nuestra bajada y yo no me armé de valor. Bajé y él bajó conmigo, como lo intuí. Hice tiempo para comprobar lo que pensé, voltee para ver hacia dónde había caminado (otras veces ya lo he hecho y cuando me pasa algo similar, me volteo, planto bien los pies y lo miro a los ojos -a mí no me vas a hacer nada- pero en esas ocasiones ha sido más temprano, no a las 11:00pm), su error fue voltear después de mí y así hacerse obvio, se atraveso la pequeña avenida, hizo que iba a hablar por teléfono y yo caminé hacia mi casa. Antes de bajarme de la combi procuré tranquilizarme pero todavía eran congeturas, podía haber un margen de error y que yo estuviera paranoica, pero cuando me bajé y vi que esas congeturas eran acertadas, no supe qué hacer y cómo actuar de la forma correcta. El señor de la combi se paró, iba hacia el rumbo por el que camino para llegar a mi casa y me daba cierta confianza por ir con la señora que conozco (porque a veces coincidimos en horarios), pensé en alcanzarlos y decirles que si me daban un aventon pero luego se regresó a la tienda y yo decidí seguir.
El punto no es que me dieran aventon para que no me pasara nada malo hoy, era, es, que me da miedo que un tipo con esa mentalidad acosadora, que se atrevió a seguirse o bajarse antes del lugar a dónde realmente iba para seguirme, sepa por dónde camino.

Seguí, caminé rápido, voltee de vez en vez para ver si aún me seguía o se había dado cuenta al ver que yo me había dado cuenta de su enferma acción y se había quedado pero no recordé cómo iba vestido y no alcancé a ver su rostro, caminé, preparé mis pies, -tenemos que perderlo, no puede saber en dónde me meto, al menos no tan cerca porque mis rumbos ahora ya los conoce, aún tengo posibilidad de perderlo aunque sea en está L-, llegué a la esquina, doble lo más normal que pude y me eche a correr.

Llegué a mi cerrada, me costó un poco de trabajo abrir la reja, entré y aún adentro traté de pegarme a la banqueta para que si llegaba ahí no viera a qué altura me metí, incluso, ahora, por un momento me llegó la inquietud de si estoy segura en casa, qué frágiles somos.

Antes de entrar a casa pensé en tranquilizarme para que mi mamá no lo notara y así evitar que se preocupara, la salude, le pregunté por su día, entré al baño, salí, fuimos a la cocina, traje mi cena, todo esto mientras me preguntaba si debía decirle o no y llegué a la conclusión de que no hacerlo sería peor si algo me llegara a pasar así que decide contarle,

-Mamá, no sabía si decirte o no, no quiero que te preocupes, pero un señor se bajó en la misma parada que yo porque me siguió. Le di la descripción y, obviamente, se preocupó. No quiero imaginarme el miedo que sentiría si yo tuviera una hija, me dijera esto y de pronto la posibilidad de que no la vuelva a ver, de que me la secuestren, violen o maten se hiciera más cercana.

Me dijo que si no puedo hablar con mis compañeros y pedirles salir más temprano de mis ensayos, me dijo que si no puedo cambiar mi rutina o actividades, me llamó la atención, me empezó a regañar por andar tan noche, -¿A caso yo tengo la culpa de que un hombre me siga?

-Ma, ¿Hice algo mal?

No, hija, pero carga tu gas y procura no andar tan noche sola, hazme caso cuando te digo que voy por ti.

Dos mujeres solas en la noche, ¿Cuál es la seguridad?, ¿Imponen?
¿No aumenta el riesgo? Sola pienso que aún puedo tener la posibilidad de correr pero ella, ella daría su vida por mí y no quiero perderla.

Esto suena a una historia de terror, por desgracia, no lo es, es parte de la cotidianidad que hoy me acercó un poco más a la peligrosa realidad, me hizo creer más o reafirmar el pensamiento que me ha rondado últimamente -le estoy jugando al vivo por andar tan noche, por llegar tan tarde a casa, por salir de mis ensayos noche, por salir del teatro noche, por salir de clase noche, por ir a bailar y salir noche, por platicar, demorarme y salir noche, por vivir lejos, porque me gusta caminar despacio, mientras veo la luna, el cielo o escucho el silencio y los ruidos de noche-, ahora es de noche pero ya lo he dicho, también me ha pasado de día.

Hoy duermo en casa, hoy me vio llegar mi madre, mañana me verá despertar mi abuela, espero que si un día no nos vemos no sea porque alguien más pensó o se sintió con el poder de violentarnos.

P. D. Solo me queda pedir, a los que son padres o madres, por favor, enseñen a sus hijos e hijas a amarse y respetar la vida del otro.

V. B. L

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