viernes, 19 de abril de 2019

Caminata por la selva.

Hoy, caminando por algún lugar de la ciudad, sentí su pasado; sus colinas, sus montañas, sus barrancas, sus ríos, sus valles, su calor, su agua, su fresco, su húmedad, sus árboles, su bosque; mientras recorría las calles, veía casas enormes de colores pasteles, vívidos, algunas (extrañas) edificaciones abandonadas que se conservan en esa bella aura que abraza el lugar sagrado donde alguien (alguna vez) fue feliz y se tuvo que ir porque la felicidad se termino y ya no se pudo crear más, y otras (aún más extrañas y también bellas) ruinas, sórdidas, quemadas, derrumbadas, oscuras, decoradas con telarañas y frío donde el eco queda resonando, unas huelen a madera y en otras uno puede advertir el paso de las polillas por sus huecos, encápsuladas en niebla invisible que mantiene levitando partículas de polvo que se suspenden en el rayo de sol que se escabulle por sus huecos o grietas. Salí de entre las calles, estaba (lo que la gente suele llamar perdida) descubriendo nuevos horizontes, me sentía en el corazón de la selva y cuando llegué a una avenida sentí como si hubiera salido de ese corazón que recorrí con mi mochila de viajera (llevaba una mochila, que no puedo usar muy seguido por su tamaño, es pequeña), mi cantinflora (mi botella de agua que me  compraron en topper ware), mi sombrero de exploradora (cabello suelto), mi short de arqueóloga (pantalón de mezclilla) y mis botas de selva (unas botas de plástico, negras, con tacón que me hiceron una ampolla en la planta de mi pie).

Soy una exploradora, ya no puedo seguir negándolo, tengo que platicar con mis botas negras y pedirles que sean pacientes porque soy de recorridos largos y no podrán acompañarme muchas veces, tenemos que aceptar que soy una caminante y aún dentro de la ciudad viajo y me voy a selvas, a bosques, a desiertos, a puertos, a cafetales, a cosechas, a otros países, a otros tiempos y regreso para pararnos en la esquina de una diágonal y desde ahí sentir que hemos salido a un lugar alto, que por fin llegamos a una cima y podemos contemplar el paisaje desde ahí mientras sentimos al viento refrescarnos, revitalizarnos y miramos los edificios enormes y nos damos cuenta de lo pequeñas que somos, que nuestra relación es dolorosa, que no son aptas para mis pasos y que tendrán que esperar en casa porque ya no puedo salir sin mis botas de viajera, porque eso soy, porque no sé en qué momento me iré. 

Quizá sea como las mujeres de Elena Garro y me vaya en una partícula de polvo o por las patas de una silla.
V. B. L

jueves, 18 de abril de 2019

Electrocardiograma.

Yo.
Mi color.
Mi herencia.
Mi piel.
La mezcla de coincidencias.
La mitad de mi raíz.
Mis pies.
Mis inquietudes.
Mis soledades.
Mis manos.
Mis letras.
Mis certezas.
Mi abrazo.
Mi imaginación.
Mis brazos.
Mi aceptación.
Mis risas.
Mis horas.
Mis añoranzas.
Mi incertidumbre.
Mi lumbre.
Mis aromas.
Mis atmósferas.
Mis vidas.
Mis carencias.
Mi poesía.
Mi mirada.
Mis ausencias.
Mis precensias.
Mi adaptabilidad.
Mis silencios.
Mi palabra.
Mi inseguridad.
Mis miedos.
Mi sudor.
Mis medios.
Mis olvidos.
Mi cuerpo.
Mis abandonos.
Mi voz.
Mis reencuentros.
Mis recuerdos.
Mi cabello.
Mis frustraciones.
Mis manos.
Mis celebraciones.
Mis años.
Mis indecisiones.
Mi canto.
Mis decisiones.
Mi llanto.
Mi música.
Mis dientes.
Mis sueños.
Mi retrato.
Mis verdades.
Mis errores.
Mis aciertos.
Mis engaños.
Mis rechazos.
Mi búsqueda.
Mis caminos.
Mi mar.
Amar.
Mis insomnios.
Mi caos.
Mis faltas.
Perdonar.
Mi Atlas.
Mi Universo.
Mis huecos.
Mis templos.
Mis ecos.
Mis huesos.
Mis creencias.
Mis renuncias.
Mis avances.
Mis retrocesos.
Mis vacíos.
Mis lugares.
Mi expansión.
Mi implosión.
Mis suspiros.
Mis lejanías.
Mis compañías.
Mis aullidos.
Mis uñas.
Mi linaje.
Mis colmillos.
Mis rugidos.
Mis gemidos.
Mi calma.
Mi espera.
Mi esperanza.
Mi ¿Fe?
Mi tiempo.
Yo.
Dos.
Tres.
Veintitres.

martes, 16 de abril de 2019

Inacabados.

El pulso de un árbol.
El vértigo, mareo del cielo.
La libertad del "vuelvo" de un pájaro.
Las ruinas de lo que ya no es.
Las edificaciones de lo que ahora es.
El acento de las ausencias (Sonora).
El baile de las veces que me he lastimado.
El retraso y trastabilleo de mis palabras.
Los colores de la que anhela irse y se va en sueños.
El abandono de mi paciencia.
La renuncia voluntaria, producto del hartazgo de los recuerdos y las expectativas derrumbadas.
Colores desconocidos.
Colores ahora familiares.
Colores ensueño.
Colores que no estaban.
Colores de otra Ciudad, de otro país, de otro tiempo.
Olores varios.
Aroma a caño.
Calor de años.
Polvo, sequedad, sequía.
Espacios reducidos, sofocos.
Humo.
Ruidos.
Personas conocidas.
Personas nuevas.
Unidad de saliva, de sueños y hombros o cuerpos que funcionan como recargaderas o cargaderas de peso completo.
Cuerpos descuidados.
Caminos "decorados".
Promesas de amor y nombres o advertencias grafiteadas en los muros más altos y bajos.
Espacios olvidados.
Rincones.
Capa gris que encapsula a la Ciudad.
Lagos entubados, lago enterrado, lago seco.
Espacios vitales aplastados.
Combis/balsas.
Pasajeros/tripulantes que en apestosidad y mal humor no tienen diferencia de años.
Lagos en mí.
Fastidio.
Respiro.
Mini excursión diaria.
Sonidos que engañan.
Sonidos a caminos largos pero destinos prontos.
Ilusiones.
Delirios.
Ríos a los que voy, mares con los que regreso.
Mi mochila de viajera.
Smog como bienvenida, sequedad como despedida.
Los silencios.
Sedentaria.
Nómada.
Viajera.
Una falsa viajera.
Mis recuerdos.
Mis sueños.
Lo que fue.
Lo que fui.
Camino que desconocía.
A dónde llegué.
Quién no he podido ser.
A donde no he logrado llegar.
Lugar de donde me voy y a donde regreso; lugar de paso, lugar de sueño, sueño que llego a otro que no es.
V. B. L