martes, 5 de marzo de 2019

La noche de mi iniciación.


Me soñé entre tigres, panteras y leónes en un campo sin límite, con un viento suave que movía las espigas verdes y altas, el tiempo cambiaba de acuerdo al que veía o me tocaba, todos me tenían en medio, venían a mí; cuando vi a los tigres, amaneció, después una pantera juguetona llegó a acariciarme y apareció la noche con su hermoso manto de estrellas y cuando bajó el león un sol radiante salió.

Moría de miedo pero también estaba extrañamente feliz, ell@s me dieron pequeñas mordidas, jugueteaban conmigo, ronroneaban, estaban felices, fue cómo si me dieran la bienvenida mientras en mi cabeza pasaba "ay no me vayan a comer", nunca dejé de tener miedo hasta que...  El león que estaba posado a lo lejos sobre una roca observando como me recibían, acompañado de un hermoso sol, caminó hacía mí, mi corazón quería salirse,       el silencio nos acarició sutilmente, abrazo al campo, al viento que se calmó, a los tigres, las panteras, al tiempo, todo se quedó quieto, en silencio, nos miramos el león y yo, los demás se alejaron y sentaron al rededor con un profundo respeto, entonces le sonreí con miedo y se abalanzo sobre mí, me mordió, cerré los ojos, después de un momento me seguí sintiendo viva así que los volví a abrir, vi a todos, al león que caminaba y me miraba, sentí algo en mi antebrazo izquierdo, el león con su mirada me dijo "no te he hecho nada, fijate bien", me ví, el miedo desapareció; sí, sí tenía una mordida, una mordida que no sangraba, que no me dolía, solo fue mi marca, ahora soy un león, el linaje vino a reconocerme, ya tengo mis colmillos, los llevó en el antebrazo.

Nota: Una felina vino a recordarme un sueño que no podía dejar pasar, el recuerdo de mi linaje. Gracias, Minina.

V. B. L

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