Hace muchas noches que no me daba miedo la noche pero hoy me volvió a pasar.
Ya sé por qué a veces no le tenemos miedo a los fantasmas, porqué a veces les tenemos empatía, a veces nos reconocemos en su espíritu vagabundo, abrumador, monstruoso y si uno se pone a pensar bien, triste, porque a veces nuestra vida va tan del carajo o al menos así la sentimos y nuestros pensamientos no son nada positivos, que si muriéramos en ese instante, ¿A caso no nos volveríamos un terror fantasmal? Cuando no le tenemos miedo a los fantasmas es porque sabemos que sufrieron, que su alma estaba llena de dolor y lo convirtieron en ira, en presencias pesadas y oscuras y se volvieron parte de la energía negativa que también hay en el mundo, no sé si en el Universo pero al menos en este poco que conozco sí.
Esta noche soñé la noche, me soñé en la sala/comedor de mi antigua casa, a oscuras, formando un círculo con otras mujeres, con velas al rededor y a mis espaldas la cocina, ese cuarto pequeño con muebles e inmenso, sin fondo y oscuro oscuro que era sin ellos y que siempre me dio miedo. Cuando algo me daba miedo de chiquita me decía "tienes que ser valiente" y me obligaba a ver, a abrir los ojos cagándome del miedo y ver, ahora cuando algo me da miedo, no volteo o aprieto los ojos como si alguien me los pudiera abrir a la fuerza; lo que sí sigo haciendo es tratar de explícarme de forma lógica los ruidos y caídas de algunas cosas y las presencias que a veces siento tras de mí.
No sé si estábamos invocando a un ser o varios de la oscuridad o solo de la noche pero cantábamos y yo tenía miedo por lo que empecé a sentir que había detrás de mí, en ese cuarto sin fondo al que llamé cocina por 15 años, me movía, buscaba que no estuviera a mis espaldas, lejos (ni tanto) pero a mis espaldas. Luego me dio miedo la recámara que estaba a la derecha y al frente de ese cuarto grande con espejo en la pared principal, lleno de humedad, al que llamamos sala/comedor, con ese piso cacarizo y frío; la recámara también estaba oscura oscura pero la luz de las velas lograba alumbrarla un poco y luego me empezó a dar miedo la pared verde agua que estaba atrás de mí, a un lado de ese pequeño cuarto en donde muchas noches me metí a llorar al llegar de la secundaria, donde me bañaba a jicarazos y a veces, las últimas veces de secundaria, con agua fría porque me entretenía entrenando, supongo que era mi forma de desahogarme y no sucumbir a la tristeza y ansiedad que mi cama (que en ese entonces era el piso) podía contener, y se me hacía tarde para ir a la escuela, por eso no podía esperar a que el agua se calentara. De pronto, no pude más con mi miedo y las tuve que agarrar de las manos para sentirme fuerte, acompañada, segura, aquí, anclada a la tierra, para sentir que nadie o nada podría jalarme desde esa oscuridad y llevarme a ella si ellas me sujetaban, ¿Quiénes eran ellas?, tampoco me daban mucha seguridad, confianza o tranquilidad, sentía cómo algunas me miraban raro, ¿Eran diferentes o todas eran yo?. Nuestro círculo no era uniforme, se deformó la primera vez que me moví y se volvía a deshacer cada vez que me movía pero ahí estaba con ellas, tratando de cantar o hablar y escuchar hasta que mi inquietud y miedo interrumpió a una y volvió, en ese círculo deforme, a intentar calmarse o engañar, entonces, no sé si realmente entendí fugazmente o así quise entender para calmar mi miedo, que a veces los fantasmas no dan miedo, y ese a veces es cuando sentimos lástima o empatía por ellos porque sabemos que también vamos a morir y quizá nuestra alma deambule y esté llena de dolor y rabia, quizá sea pesada y tome una forma de oscuridad, de la que da pavor, de la que quita la vida y se lleva al espíritu, quizá quiera cobrar venganza y asustar a cuanta persona se me ponga en frente; ¿Por qué los asustaría?, ¿Qué me llamaría la atención de ellas o ellos que les querría quitar?; luego me despertó mi mamá, ¿O mi mamá me despertó primero?, porque escuchó que se cayeron las cosas, quién sabe qué cosas pero algo se cayó, sí, ahora que recuerdo, primero estaba inquieta, me sentía mal, con miedo, un poco de ansiedad (de la que aún se puede controlar respirando lenta, casi imperceptiblemente), después mi mamá me despertó para decirme que escuchó que se cayeron unas cosas, yo decidí negar mi miedo a los fantasmas y decirle que seguramente se había caído mi celular, ninguna de las dos se levantó en ese momento a ver, a veces es mejor esperar hasta que salga la luz del sol para abrir los ojos y ver lo que se cayó. Mi mamá pensó que había temblado, en todo caso si hubiera sido así, nos hubiéramos muerto juntas, una a lado de la otra porque para lo único que le dio su sueño y sentido de alerta, fue decirme que me hiciera hacia el centro de la cama por si sí estaba temblando y las cosas se empezaban a caer y a mí para lo único que me dio el miedo fue para empujar mi cuerpo adolorido, fastidiado, abrumado y pesado hacia ella, luego soñé el miedo.
Hace muchas madrugadas que no me despertaba a escribir, aún, de vez en cuando, me despierto a las 3:00 de la mañana, dicen por ahí que es la hora del diablo, a veces me da miedo y no el diablo, ni creo en él, si no la oscuridad y lo que la habita también, la energía negativa en la que se convirtieron algunos muertos y en la que se convierten algunos que aún están vivos, si a eso se le puede llamar vida.
Quién sabe, quizá no hay ningún fantasma, quizá solo tema por mis monstruos, por las cosas que inquietan, desesperan o dan miedo a mi mente y alma, quizá sí tenga un alma o quizá sea lo que llamamos subconsciente y me habló, me hizo recordar esa antigua casa de la cual nunca o casi nunca escribo, mis miedos de niña y mi valentía de ese entonces, quizá vino a mostrarme mi subconsciente que la estoy cagando en algo... en algo.
Se despertó mi mamá, me desperté yo, tenía que ir al baño así que no lo pensé y por mero impulso de necesitar la luz para sentir paz y la necesidad de vacíar mi vejiga, me levanté de un movimiento y prendí la luz, de chiquita no estaba tan alta y las dimensiones eran gigantescas y largas para mí, así que cuando algo me daba miedo y tenía que prender la luz contaba hasta tres y corría a prenderla. Nunca me ha dado tanto miedo apagar la luz como prenderla.
Ahora, despierta, ya no siento miedo a la oscuridad que aún es, si no a las mujeres que estaban en ese círculo, ¿Y si ellas eran las muertas?¿Y si ellas eran las fantasmas?¿Me agarré a la muerte para sentir que podía sujetarme a la vida?¿Y si ellas me dieron miedo porque eran mis yo muertas?¿Me agarré de esas yo muertas para sujetarme a la vida?
Pensé que era el final de la historia pero luego se la conté a mi mamá, en el transcurso se cayeron las cosas del baño, después, hacia el final, empezó a parpadear el foco, vi cómo una mancha negra iba entrando por el techo como si fueran manos gangrenando la blancura de mi cuarto, y antes de que se fundiera el foco se quedó en un hermoso color cálido, su color entre naranja y amarillo se suspendió unos segundos, lo contemplamos, luego se fundió. Al terminar me volvió a dar miedo, me levanté con esa adrenalina, prendí la luz del pasillo (escuché los pasos de mis vecinos), la serie de mi pared y mi lámpara, comenzó a apestar y desconecté mi serie y la lámpara. Ahora solo está la luz del pasillo, mi mamá casi se va, me quedaré sola en el cuarto y aún no amanece pero correré las cortinas, volveré a prender mi serie arriesgándome a morir intoxicada si sigue apestando el foco fundido porque tengo gripe y no huelo, pero una cosa es segura, sigo aquí, viva y antes de irme, cambiaré el foco.
-Madrugada de alguna mujer, hombre, ser humano... o ente.
V. B. L
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