martes, 5 de marzo de 2019

Autómatas inadaptados.


Ella: Autómata nací, no sé hacer otra cosa más que caminar con la mirada perdida hacia el frente, con la mirada olvidada, ¿en qué parte mis antepasados olvidaron su mirada?, ¿en dónde la abandonaron?, ¿por qué?,  ¿por qué siento que me faltan muchas partes de mi? Siento que nací incompleta...¿nací?, ¿cuándo?.
Tengo un hueco debajo de la nariz, "algo" por donde tengo la necesidad de mover cuando las palabras en mi cabeza aparecen, pero no sé qué hay ahí, no sé si haya piel abierta ahí,  por donde pudiera imitar el sonido que hace el animal con esas telas en vez de brazos. Me gustaría poder quitarme  esta cara de metal, es ajena a mi, no la siento mía, no es mía. Pero no puedo. He lastimado mi cuello infinidad de veces por querer arrancarme la cara de metal. Siempre organizados en fila, haciendo al escuchar y sin problema pero a mi una y otra vez se me aparecen las palabras en mi cabeza cuando los "elegidos" hablan, una y otra vez mis brazos se tensan, mi cuerpo se endurece y una y otra vez me quedo parada por un segundo viendo como los demás sin más obedecen, ni siquiera se dan cuenta que yo me he quedado parada. Los guardias llevan años luz haciendo lo mismo que ya ni siquiera nos cuidan, por eso me puedo escapar. En el cuarto de trabajo hay dos puertas; una da al pasillo largo que atravesamos todos los días, dos veces al día, (esa es la cuenta que llevo desde conocí el "...") lo que nos marca el comienzo y termino del día, la otra puerta da a un lugar maravilloso, al verlo la palabra en mi cabeza brotó, "páramo", así lo llamé yo.
El  "páramo", ahí el tiempo te da la bienvenida de una forma muy distinta a como nos saluda en los fríos e interminables cuartos de trabajo, ahí el tiempo te acaricia con sus estrellas grandes y chiquitas, con la luz brillante y hermosa que lastima mis ojos y la otra igual de hermosa pero que me permite verla, con el llamado de los animales con telas en vez de brazos, con "eso" que cada vez que salgo al "páramo" hace que mi pecho se infle y surque un caminito que pasa por mi vientre y llega hasta lo que está debajo de mi vientre, ahí en donde despierta al agua que sale de mis ojos, es fresco y acaricia mi falda y saca granitos de mi piel cuando me camina por el cuerpo. En el "páramo" conocí los ¡colores, las plantas, la tierra, las flores, las frutas,  el agua que sale de la tierra y de mí, los animales, los sonidos, la magia, lo bello, la amabilidad del tiempo, la palabra amabilidad y tiempo las conocí ahí!, los nombre con las palabras que me dió mi cabeza cuando los vi, he aprendido ahí. El "páramo" está abrazado de azul, debajo de las plantas y de la tierra, sobre ellas a lo lejos, y en el horizonte se juntan, en la tarde se le agregan más colores, rojo, morado, infinidades de azul, amarillo, blanco, yo quiero ir a ese horizonte, a sentir el abrazo del azul. Cada vez el regreso al cuarto de trabajo se vuelve frío. En el "páramo" me siento bien, alegre, siento como "eso" que me hace falta debajo de la nariz se alarga hacia los lados. Es, entonces, cuando recuerdo la rigidez de la cara de metal porque me lastima.
Otra vez (al anochecer en el páramo), marchamos por ese largo camino hasta llegar a las celdas compartidas y al otro día lo mismo, y al otro, y al otro, y al otro, y cada día yo me escapo al "páramo".

Él: escuché un ruido, algo se asoto y fue, entonces,  cuando por primera vez levanté la mirada de lo que hacía. Ví a mi alrededor, otros como yo, haciendo lo que yo, viendo sin ver cómo yo. Ví, el cuarto infinito, ¿dónde estoy?, ¿cómo llegué aquí?, ¿que había hecho ayer?, ¿qué era un ayer?, ¿qué es esto que aparece en mi cabeza y no para? Empecé a moverme sin poder controlarme hasta que la esquina del cuarto me detuvo, mi pecho se movia muy rápido, mis manos temblaban, tenía... "Miedo", ¿qué era el miedo? Ahora lo sé, el miedo es cuando tú cuerpo se descontrola, el pecho se mueve muy rápido y las manos tiemblan. Después mi pecho comenzó a moverse más lento, para mí todo era nuevo porque nunca había visto el movimiento de mi pecho, hasta que mis manos dejaron de temblar. Me levanté, llegaron por nosotros, nadie se dió cuenta de lo que me había pasado, me formé y marché. Durante el dormir parece que se formateo mi cabeza, así que al otro día volví a hacer lo mismo que había hecho antes del asoton. Así estuve por algún tiempo hasta que un día, otra vez lo escuché, pero esta vez no me temblaron las manos ni se descontrolo mi cuerpo, en lugar de eso me quedé quietesito, con los brazos pegados a mis costillas y el pico en mano mientras mi cabeza recorría los días hasta el recuerdo de cuando ví por primera vez, solté el pico, despacito voltee mi cabeza y los ví, otra vez, a todos haciendo lo mismo que yo, el cuarto interminable pero esta vez habían agregado una puerta. Recorrí el cuarto de trabajo, los ví a todos iguales, solo que unos llevaban falda y más ropa que nosotros, a ellos les tapaban el pecho y a nosotros no y ellos cargaban un cajoncito abajo de su espalda, entraron los oficiales y se quedaron asombrados cuando me vieron parado, sin preguntar me pegaron en la espalda, no me llevaron con los demás, me quedé por mucho tiempo trabajando, hasta que los guardias considerarón que la amnesia me había hecho efecto pero lo único en lo que yo pensaba era en seguir viendo. Volví a actuar como los demás hasta que recuperé la confianza de los guardias y nos dejaron solos, fue ese día cuando abrí la puerta y ví el "páramo", otra palabra que apareció en mi cabeza  y de ahí vinieron infinidad de palabras, llovía en mi cabeza y llovía en el páramo, una tormenta, wn el cielo había líneas que se marcaban de blanco y después se escuchaba como si hubieran asotado millones de puertas al mismo tiempo. Solo pude contemplar esa belleza, nunca me despegue de la puerta así que escuché cuando los guardias venían marchando, salí, cerré, corrí y me posicione en mi número.

Ella: Nunca me había despegado de la puerta, solo me quedaba sentada contemplando el "páramo" hasta que un día, decidí caminar, seguirme, ese día probé las ¡frutas! Y conocí la palabra "deliciosa", y me seguí. Llegó la noche y no quise regresar, ese día ví como las estrellas pequeñitas caminan por el cielo, me senté en el verde del suelo, la tierra estaba caliente, me acorruque en ella y antes de cerrar mis ojos ví una palabra cruzar por mi cabeza como las estrellas pequeñas en el cielo "gloria" y dormí.

Él: llegamos, se fueron los guardias, espere con impaciencia, y cuando me iba a levantar ví como uno de nosotros con falda salía de ahí, ¿había pasado la noche ahí?, ¿cómo sabía de ese lugar?. Algo pasó ese día porque los guardias, apenas se posicionó él en su número, entraron y nos llevaron a las celdas pero a él lo separaron del grupo.

Ella: los guardias se dieron cuenta de mi ausencia cuando pasaron el conteo de los números y no hubo quién timbrara mi número, me pusieron a trabajar por infinidad de noches, no descansé, me dejaron dormir en hielo, me pusieron una cara de hierro encima de la de metal, el cuello me pesaba horrores, la columna no me aguantaba, fueron pasando los días y mi columna fue perdiendo su fuerza hasta que ya no pude caminar. Así trataron de hacerme olvidar mis recuerdos pero pese al dolor yo había visto las estrellas atravesar el cielo y eso nadie me lo iba hacer olvidar. La recuperación fue violenta, apresurada para ellos, interminable para mi, tenía que volver a trabajar así que me arreglaron la columna, ahora traigo otro fierro más.

Después de mucho tiempo, estábamos en fila, algo me hizo voltear y ahí estaba él, dándome una flor del "páramo", de mis ojos brotó agua, y sentí la acaricia del "páramo" a través de la hermosa flor, ¿pero por qué la cortaste? Fue lo primero que se me ocurrió después de sentirme aliviada al verla, y algo pasó, lo escuché, sus palabras llegaron a mi cabeza. El silencio con el que nos mantenían se rompió en nosotros pues llevábamos el silencio majestuoso y el sonido hermoso del "páramo".
Hace muchos años luz que no visito el "páramo", le conté, ellos no dejan de vigilarme mas que cuando estamos en formación.
Él me dijo, "lo sé, te he visto desde que saliste por última vez de ahí." Ahora tenemos con quien platicar, podemos platicar, compartimos nuestros "algo", "eso", "cosas", palabras y sentidos, así hemos comenzado a compartir sensaciones, así hemos comenzado a sentir.
Un día mientras trabajabamos cada uno en su número me preguntó, "¿tú eres como yo?"
Yo le dije "no" y él me contestó, "¿cómo lo sabes?"
Ella: ¿has visto el cajoncito que cargo abajo de mi espalda?, ahí traigo un "algo" en forma de perla que me sacaron de ese "algo" que está debajo de mi vientre. Yo soy una mujer, por ese "algo" que estaba en mí y que ahora guardo en mi cajoncito, tú eres un hombre porque llevas una perla parecida a la que a mi me sacaron, la tuya es diferente, tu la llevas todavía pegada a ti y es mucho más grande. Aunque...Yo ya no traigo mi perla, la sembré en la tierra del "páramo" y brotó un árbol enorme y hermoso lleno de flores lilas y frutas deliciosas, lo que ahora traigo en mi cajoncito es tierra y flores de ese árbol que salió de mí unido con el "páramo".

Así fue como él supo que yo soy una mujer y él un hombre.  No hemos parado de platicar aunque casi no nos podemos ver debido a la mirada de los castigadores, resultó ser que él ha estado formado atrás de mi desde que nos asignaron número. Hemos planeado escaparnos al "páramo" y no volver.

Él: no he vuelto al "páramo" desde ese día en que a ella la separaron de nosotros, después de timbrar mi número, logré regresar al cuarto de trabajo y entrar al "páramo". Ese día tomé la flor desde la raíz y la guardé en el cajoncito vacío que dejaron ellos en mi pecho. Ví como dormía el "páramo" y cómo iba despertando, fuimos una mismo suspiro. Esperé un momento de distracción de los guardias y me coloqué en mi número, no imaginé que ese día sería el último en que vería el "páramo", el último por lo menos hasta hoy. Ella, conserva la flor que le regalé en su cajoncito, me lleva con ella y yo la llevo conmigo. Ya no estamos solos en este interminable cuarto de trabajo, agachados, olvidados, perdidos, sin ver aunque veamos lo suficiente para obedecer, ahora nosotros vemos, sabemos que hay un "páramo", que hay mujeres, hombres, plantas, flores, animales que viven en el aire y otros en la tierra y otros en el agua, que hay agua, colores, sabores, aromas, y que aun el silencio tiene su propio sonido, sabemos que hay cielo y en el estrellas como las palabras en nuestra cabeza.

Planeamos escaparnos al "páramo", solo esperamos una distracción. Solo esperamos una distracción.

V. B. L

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