A veces no sé a dónde miro, a veces dejo mis ojos anclados a un lugar para tener a dónde regresar después de ir a mi profundidad. A veces no sé mirarte. Aquí veces no quiero mirar a nadie y voy con la mirada baja o demasiado arriba, a veces me pierdo viendo el cielo, a veces me pierdo contando las grietas del suelo; a veces te miro y me sumerjo en tus ojos; a veces veo mi reflejo y recorro cada señal que me ha dejado la vida en el rostro y en las pupilas, a veces volteo y miro cosas que no tenía que ver o que no quería ver, a veces veo y no sé qué hacer, a veces no puedo con lo que veo, a veces necesito ver, y a veces veo y no tengo qué hacer nada solo disfrutar lo que miro.
Mirar, mirarme, mirarte, mirar a otros, mirar a otras, mirar y cuando enfrente de mí aparece un bosque, una cabaña, una playa, un mar o una migaja de pan y mi mirada está y no al mismo tiempo, regreso y te encuentro, ahí, aparentemente inmóvil, inalterable, pero fluyendo, siempre cambiando, a veces drástica y otras imperceptiblemente, vida.
Realmente siempre he visto aunque vea a la nada; aquí estás y te miro, aquí estoy y por eso te miro.
Mirar significa, para mí, acariciar con los ojos y penetrar sutil, brusca y fugazmente.
Mirar tiene varias acepciones, se le ha concebido como un acto superfluo, carente de profundidad pero también significa cuidar, proteger, pertenecer, tocar, defender, reflejarse, reconocerse, pensar, buscar, hallar, meditar, resguardar, tener un objetivo o finalidad.
El origen de mirar es admirarse.
A veces cuando miro, contemplo, cuando miro escucho, cuando miro observo, cuando miro pienso, cuando miro admiro, admiro, admiro la maravilla que está pasando ante mis ojos y me deja sin palabras, me suspende y todo se calla, penetra en mí y a veces cuando miro, no necesito tener los ojos abiertos.
V. B. L.
No hay comentarios:
Publicar un comentario