Necesito decirte por qué no regresaré a tu casa, aunque sé que lo sabes, supones o imaginas, necesito hacerte saber mis palabras, no son un reclamo, son lo que siento.
Necesito explicarte por qué te elegí a ti en silencio, cuando no imaginabas si quiera que yo ya te veía; una mañana pasaste y decidí que serías tú con el que me abriría, con quién me permitiría sentir, experimentar o vivir lo que he deseado, si corría con suerte y me mirabas; esa mañana en la que te vi pasar con tu cabello mojado, tu camisa rosa, tus sandalias, tu piel blanca que el sol acariciaba sutilmente y los ojos que no alcanzaba a verte, pensé "él merece ser amado bonito".
Necesito que sepas lo mucho que he añorado coincidir con un ser sincero y lo importante que esto es para mí, un ser abierto, libre (aunque sea un constante trabajo a cada momento), con quien pueda ser yo, que tenga disposición, espacio, apertura, que quiera querer, aprender, sentir, con quien poder compartir la mujer que soy, los ojos con los que miro y quien se quiera compartir conmigo y los ojos con los que mira y caminar, alguien con quien pueda hablar, escuchar, mirar y sentir, alguien que conmigo pueda hablar, escuchar, mirar y sentir. A veces la voz no me da y la mayoría de las veces mis palabras en papel o escritas son más sinceras y claras porque las concebí en completo silencio, y soledad (aunque esté rodeada de personas) al menos el silencio con el bullicio conocido de mi cabeza, por eso, también, te escribo. Me escribo.
Quiero estar con una persona que tenga espacio para mí, no que tenga un hueco para rellenar (no es egoísmo o narcisismo mío, es solo que he esperado mucho tiempo como para darme por vencida y conformarme), si no un espacio destinado al vacío, un vacío en el que yo pueda coexistir con su ser.
No debí haber visto sus cosas, incluso, aunque aún estuviera presente en tu mente, alma, espíritu o cuerpo, incluso, aunque aún te doliera, la extrañaras, añoraras o quisieras, no debí haber llegado a su casa así porque aún está materializada, porque aún está, porque era su espacio, porque fue su casa, porque la construyeron ustedes para ustedes, porque estaba destinado para ella y para ti. Me sentí una intrusa y esperé tanto como para ser eso. No merezco, no quiero ser eso.
Me es difícil creer que ya no está como una herida abierta en ti porque sigue. Me sentí invadida y, al mismo tiempo, invasora.
Sé que somos el olvido de otras personas, aunque sea en una pequeñita porción y sin quererlo. Sé que tenemos recuerdos e historias y que a veces recordaremos estando con nosotros a esos seres que han pasado en nuestras vidas y será inevitable y sin querer hacernos daño, pero hemos amado y recordamos hasta que el recuerdo solo nos visita y no duele, no se queda, solo pasa, hasta que no pasa más porque estamos absortos en nosotros, porque después los recuerdos seremos nosotros.
No fue un acierto entrar a tu casa cuando alguien más sigue porque tu casa es tu cuerpo y tu cuerpo contiene todo tu ser, sensaciones, emociones, pensamientos, recuerdos, anhelos, etc. No es que no pueda con la idea de que hay espacios que ocupan nuestros amores, lo que me dolió fue verlo, llegar a un lugar ocupado, (de alguna forma el anonimato funciona aunque lleguemos a conocer sus rostros y saber ciertas cosas pero no sabemos quiénes son, no conocemos sus cosas), cuando yo me he tomado el tiempo de limpiar ese espacio en mí para alguien nuevo, alguien a quién no conocía, alguien a quien esperaba, ese alguien que ahora tiene tu nombre y ese espacio vacío y limpio que hice para ti.
Lo has hecho sin saberlo y te lo hice saber, solo quiero dejarlo escrito; necesito que nos seamos sinceros porque voy a confiar en ti. Confiaré en mis ojos que te vieron y te eligieron en silencio. Confiaré en que el Universo te puso en mi camino y supe verte.
La primera noche/madrugada que me quedé contemplándote te di la bienvenida porque al mirarte recordé mi finitud, estando entre tus brazos me visitó el pensamiento que me abruma estando sola, moriré algún día, y entonces me di cuenta que ya eras parte de mí y lo serás de mis futuros recuerdos, me di cuenta que en el ocaso de mi vida en mi memoria pasarás.
Encontré mi mar, un mar que quiero sano, no en donde perderme en la ansiedad, duda, dependencia u obsesión si no en donde sentir y ver con calma, donde ser libre y sentirme en paz contigo y sin ti y que ese mar también se sienta libre y en paz conmigo y sin mí.
V. B . L