lunes, 11 de marzo de 2019

Hoy te exilio de mí.

Hoy invoco mi aura que aún te cobijaba.
Hoy retiro mi rostro de tu almohada y mis brazos que aún te abrazaban.
Hoy me llevo mi sangre.
Hoy olvido tu aroma.
Hoy te quito mi mirada, no eres digno para mis ojos, hoy te quito mi voz y mi palabra, no eres digno para nombrarte.
Hoy me llevo mis labios, mi risa, mi piel, mis piernas, mi tacto en tu piel; retiro la huella de mis manos recorriendo tu cuerpo, retiro los caminos que tracé y encontré en tu espalda. Hoy dejo tus lunares en su lugar. Hoy ya no eres Universo, hoy te inválidaste.
Hoy retiro mi energía de tu vida.
Hoy convoco a los pedacitos de mí que dejé en ti, llamo a los cabellos que dejé en tu cama, invoco a mi calor. Hoy te dejo todos los pedazos que dejaste en mí, excepto el corazón roto, ese es mío y me lo llevo que no ha sido la primera vez que lo pongo en manos disfrazadas.
Hoy corto, de tajo, el vínculo que habías dejado en mí, recojo la palma de mi mano que cuidaba el sueño de tu pecho.
Hoy te guardo en el recuerdo que no voy a querer recordar por un tiempo.
Hoy, antes de guardarte y olvidarte, te recuerdo, para desarmar la ilusión que cree de ti, hoy te despojo de tu rostro, de tus palabras, de tus miradas, de tus caricias, de tus abrazos, de tus movimientos, de tus manos, de tus pies, de tu baile, de tu canto, de tu aroma, de tu cabello, de tus gemidos, de tu sonrisa, de tus cuentos.

Hoy te exilio de mí.

Retiro mi baile, mi risa, mi cuerpo, mi energía, mi aura, mi cabello, mis sentidos, mis sueños, mis caricias, mis labios, mi voz, mi sangre, mis sentimientos, mis pensamientos, mis ojos, mi recuerdo pero antes de llevarme todo lo que es mío, te lloraré un momento, luego recogeré mis lágrimas.

Disfruta las palabras que aún te dedico porque a partir de hoy, dejarás de ser poesía para mí; levanto mi dignidad, yo me metí en esto y así como decidí eso, hoy me voy de ti.

V. B. L

Intermedio.

A veces los ojos se equivocan, confié demasiado en los míos.

V. B. L

jueves, 7 de marzo de 2019

Hoy te traigo en el olfato.

Hay días en los que te traigo en mis pensamientos, otros en los que te traigo en mis manos, otros en mis ojos, otros en la forma en cómo bebo agua, frunzo la boca o bailo, otros días te traigo en mi sexo, otros en mi piel, hoy te traigo en el olfato.

V. B. L

Grises.

Fue un día fresco.

Cedí, me dejé caer al vacío que tenía preparado cuando unos ojos que no conocía se atravesaron enfrente de mí. Esta vez el tiempo no se paró ni aceleró, íbamos a la par, escuchándonos, sintiéndonos el tiempo y yo.
Escuchó mis suplicas y me extrajo de la realidad que ya no quería. Me llevó fuera de esa cápsula que es la ciudad, me puso con otras personas, me separó del ruido, me dejo (a momentos) sola y entonces pude escuchar y entonces pude ver y entonces ahí lo encontré.
Lo vi, vulnerable, en medio de esa nada en la que nos hallábamos, caminaba, hablaba, tocaba, respiraba, se ponía triste, se frustraba, se culpaba, a ratos se abstraía, se recuperaba, seguido reía y cómo reía, cuando él sonríe el foco del cuarto se funde y sus ojos se alargan hacia los lados y sus comisuras se arrugan. Así lo conocí, en una noche completamente oscura, cubiertos por el manto eterno del cielo, la luna y las estrellas que sí se veían, en medio de una noche profunda, en medio del silencio, en medio del viento que pasa rugiendo, se acercó a mí y así de cerca pude mirar su rostro a detalle; cuando observas a las personas en la noche da otra sensación, tiene otra luz, les pone zoom a los rasgos, los baña de un color tenue y gris.

Hacía un gran esfuerzo por ignorarlo pero cada que estaba apunto de decidir algo, él sin saberlo, se aparecía y su sola presencia modificaba mi decisión porque aparecía en el momento exacto. Esa noche, por primera vez, se acercó a mí, me resultó un tanto extraño, luego se acercó más, mis latidos comenzaron a acelerarse, pasó su brazo por mi cuello para abrazarme, la velocidad de mi sangre pinto mis mejillas, elevo mi temperatura, ¡Me estaba confundiendo!, él jamás había dado algún indicio que me hiciera pensar que también le pasaban cosas únicas al verme o al no verme, se pasó su hermoso cabello hacia el lado contrario para descubrir su rostro, mi sangre recorrió todo mi cuerpo a la velocidad de la luz, lo miré, me suspendí un segundo en lo que terminaba de reconocer su ser, sentí cómo el fuego salió de mi origen y dejé que siguiera su camino, se acomodaron nuestros rostros para crear la distancia o longitud perfecta entre nuestros labios, nos miramos como dos depredadores al acecho y  nos abalanzamos. Su boca embono perfectamente con la mía, sentí su calor, y sutilmente, despacito, con el silencio suspendido y protegiéndonos con su aura nos besámos, entonces volví, después de mucho tiempo, a cerrar los ojos.

V. B. L

Ollín


Ya otras veces he resurgido. La primera vez lo hice con el teatro, cuando ya no me alcanzó, la vida me llevó a descubrir el canto que surge de la tierra y atraviesa la herida, había callado mucho y cuando abrí la boca para sonar (las palabras me dieron más miedo, me siguen dando miedo, pero mi necesidad de hablar y hacerme entender creció y a veces logro que el valor se apodere de mi y salga por mis cuerdas vocales), mi cuerpo estaba lastimado, ahora que siento a mi voz cansada, supongo que cada parte se ha tomado sus vacaciones, regreso a mi cuerpo, la misma voz me llevó a mi contenedor, me trajo de nuevo al movimiento, siempre es así solo que hoy es más claro; hoy resurgí después de quedarme aparentemente quieta mientras sentía y observaba como mis extremidades que no eran mías se movían, se alejaban, se agachaban, gateaban, se acercaban, y cuando se levantaron me terminaron reconstruyendo, hoy sentí (con las extremidades que sí son mías) que si me alejaba más me podía separar de mí, ¿Cómo me puedo separar de mí y quedar en mitades?, ahora no canto pero sigo haciendo lo que aprendí a reconocer y hacer con profundidad, respirar.

Mi cuerpo ha conocido diferentes vibraciones, las de mi primer amor cuando aún no era mi primer amor y solo se me acercaba y sentía que con su calor me arrancaba el alma, la del dolor en las noches cuando los recuerdos o añoranzas no dan tregua y se pelean con la realidad y el pecho funciona como ring para dejar moribunda a una de las dos (como los últimos días, porque a veces logro organizar el dolor, a veces puedo programar la noche- madrugada para recordar y llorar y a veces solo mis ojos se desbordan, como ayer que fui agua), generalmente las cosas pasan así; el recuerdo se fusiona con la añoranza, ilusión y esperanza, se vuelven potentes, le dan una aparente paliza a la realidad pero esta solo recibe los golpes pacientemente, sabe que va a ganar, y cuando la añoranza alimentó su ego y se confía, la realidad se para y con un solo movimiento la noquea, una batalla campal y sangrienta se arma en mi pecho, la añoranza, la ilusión, mi deseo de una realidad distinta a la que es, de una realidad como yo quiero que sea y no es, se pelean entre ellas por la presencia de la realidad que a lo lejos solo las mira y confunde hasta que se cansan, entonces entra a ponerle fin y la tarima del ring, que es mi pecho, por fin se quiebra. Mi cuerpo ha conocido las vibraciones del canto que me dejaba retumbando los sentimientos, los recuerdos, los pensamientos, los anhelos, el aliento, las ondas sonoras que salían de mí aunque solo cantara vocales y ahora, las del movimiento de todas y cada una de mis células expresadas en la danza que es mía, que emerge de mi cuerpo, de mi columna, del ser homólogo que soy. En todas estas me han guiado mujeres, excepto en mi origen en el teatro. Me faltó una, bueno dos, yo; la primera vez que resurgí fue cuando me agarré de ese salvavidas rosa, con hojas rosas también, rayaditas y la figura de una gata famosa en la parte superior izquierda, un candado y la cara de Kitty en la portada, que me regaló mi mamá, ese diario en donde empecé a escribir, fue mi primera forma de resurgir, me urgía aprender las letras y mi mamá me acercó todo para construirme, la primera guía ha sido ella, me ha dado las herramientas para salvarme yo, como ella se ha salvado así misma una y otra vez.

V. B. L

miércoles, 6 de marzo de 2019

Finales.


Me cuesta trabajo irme cuando quiero seguir en un lugar, en un momento o con una persona, supongo que con el tiempo y las experiencias me será más sencillo, sabré dejar ir... supongo, los finales siempre me parecen inconclusos.

Hoy fue un día de mucha agua, me cayeron los sueños, los recuerdos, los anhelos, me di cuenta que he cuidado durante mucho tiempo mi corazón, a pesar de que sí trata de salir algunas veces en lo que se recupera de amores, de sueños, de frustraciones, derrotas, metas que no logro, proyectos que no consigo, caminos que cambio, decisiones frágiles, de la sensaciones, de los sentimientos, de mí y muchas veces se ha fracturado o roto, muchas, aunque pocas para el resto de vida que me espera.

No me es tan sencillo, a pesar de mis palabras, me cuesta trabajo olvidar, no todo, hay cosas que no recuerdo pero lo que se queda en mi ser como huella, lo que significa y no me trauma solo me duele por la ausencia, deterioro o por no poder seguir y ser, eso no es fácil sacar de mi cuerpo, de mi memoria, de mis ojos, de mis pensamientos, de mis sensaciones, de mis sueños o, últimamente, de mis insomnios y anhelos de compartir. Quería más tiempo, siempre quiero más tiempo y reiniciar el juego porque quizá esta vez sí podamos estar para jugarlo, quizá ahora sí sepamos jugarlo mejor, quizá...

Desde la primera vez que me enamoré me pareció horrible e incomprensible que ese ser a quien algún día quise, me llegaría a ser indiferente, ya no me importa como antes, es cierto, pero estuvo, dejo su paso en mí, lo llevo en mis recuerdos y solo por eso no me puede ser indiferente, no puedo hacerlo invisible, aunque muchas veces en el dolor desee tener esa capacidad, y me sigue pareciendo jodido e increíble cómo para algunos sí puede ser indiferente la persona que fue especial, yo aún no logro hacer eso, tampoco he logrado olvidar, he aprendido a irme aunque la mayoría de las veces solo hago a que me voy, pero en realidad solo voy de viaje, termino quedándome porque siempre vuelvo, solo que cuando regreso ya no hay nadie más o incluso antes de irme ya no había nadie más y solo regreso a contemplar, ¿realmente una se va?, una sigue, tiene que seguir y si no es arrastrada, pero ya se quedó en ti y ya te quedaste en él, ella o en aquel lugar o en aquel momento, ya lo llevas, ya te sucedió.

Hoy regresé al lugar y con el ser a quién decidí dejarle ver mi corazón, a quién decidí permitirle el acceso a mis sueños y entró en mi cuerpo y sí,otra vez me pasó, él ya se había ido antes de que mis palabras me llevaran de viaje; quizá por eso no pueda dejar de escribirle porque aún lo busco, aún espero que regrese, que decida, quiera o pueda estar y reiniciar el juego, quizá esta vez logremos jugarlo mejor, sueño, quizá.

Si supiera que los finales son los finales, me despediría mejor, si supiera que esa noche afuera del metro era el último de nosotros juntos lo hubiera besado como la primera vez para recordarlo así, para sentir su latir por primera vez en la palma de mi mano y de esta forma despedirme; si hubiera sabido que aquella noche bajo el árbol de mi antigua casa era el último beso, se lo hubiera dado; si hubiera sabido que era la última vez que me sostenía en sus brazos y me decía hija, le hubiera pedido que no me abandonara y le hubiera dicho que aún lo necesitaba porque empezaba a conocer el mundo; si hubiera sabido que era la última vez que la veía, le hubiera dicho que no decidiera irse, que aún nos esperaba el tiempo; si hubiera sabido que esa noche era la última vez que iba a sentir su latir en el vientre de mi mamá, no me hubiera separado de ellos; si hubiera sabido, si hubiera sabido pero nunca sé cuando los finales llegan, las despedidas nunca avisan, otras no queremos verlas, lo más jodido es que aún me faltan muchas y que son necesarias. Decir adiós es necesario, aunque lo que realmente se dice en ese adiós es, no te volveré a ver pero te conocí, sé que existes y ahora siempre te llevaré en mí.

Seguro terminaré por irme, hoy pesa y duele pero ya antes lo he intentado solo me toma algunos años... 
Sí, terminaré por irme completamente un día. 

V. B. L

martes, 5 de marzo de 2019

Encuentros fortuitos.

Tú, tu nombre...

Aún no te conozco.
Aún me eres indiferente.
Aún eres invisible.
Aún no estás.
Aún no sé en qué letra de nuestro abecedario te encontrarás...pero algún nombre tendrás, lo supongo,  y de nuevo podré gozar de cada letra que lo forme y el sonido hermoso que lo abrazará.
Aún tengo otro nombre en los recuerdo por el cual suspiro en noches como esta, pero él, el que portaba ese nombre, el hombre que  encontré en el abecedario, ya no está.
Así que de nuevo estoy aquí, observando el abecedario, tratando de adivinar cómo te llamarás, con qué letra empezará esa hermosa casualidad. Te he buscado tanto. Mis ojos se han cansado de ver las mismas letras y de no encontrar nada, pero en esta búsqueda me he ido encontrando a mí y mientras más me acerco a mí, a mi nombre, más cercano siento nuestro encuentro.
Que se lleve el tiempo necesario, esperaré observando el abecedario con paciencia frente al atardecer y con un té de hierbabuena hasta que sea el segundo, el paso, la dirección, el lugar y el momento precisos, sin demoras ni adelantos, entonces nos presentaremos y por fin podré pronunciar tu nombre.

V. B. L.

La noche de mi iniciación.


Me soñé entre tigres, panteras y leónes en un campo sin límite, con un viento suave que movía las espigas verdes y altas, el tiempo cambiaba de acuerdo al que veía o me tocaba, todos me tenían en medio, venían a mí; cuando vi a los tigres, amaneció, después una pantera juguetona llegó a acariciarme y apareció la noche con su hermoso manto de estrellas y cuando bajó el león un sol radiante salió.

Moría de miedo pero también estaba extrañamente feliz, ell@s me dieron pequeñas mordidas, jugueteaban conmigo, ronroneaban, estaban felices, fue cómo si me dieran la bienvenida mientras en mi cabeza pasaba "ay no me vayan a comer", nunca dejé de tener miedo hasta que...  El león que estaba posado a lo lejos sobre una roca observando como me recibían, acompañado de un hermoso sol, caminó hacía mí, mi corazón quería salirse,       el silencio nos acarició sutilmente, abrazo al campo, al viento que se calmó, a los tigres, las panteras, al tiempo, todo se quedó quieto, en silencio, nos miramos el león y yo, los demás se alejaron y sentaron al rededor con un profundo respeto, entonces le sonreí con miedo y se abalanzo sobre mí, me mordió, cerré los ojos, después de un momento me seguí sintiendo viva así que los volví a abrir, vi a todos, al león que caminaba y me miraba, sentí algo en mi antebrazo izquierdo, el león con su mirada me dijo "no te he hecho nada, fijate bien", me ví, el miedo desapareció; sí, sí tenía una mordida, una mordida que no sangraba, que no me dolía, solo fue mi marca, ahora soy un león, el linaje vino a reconocerme, ya tengo mis colmillos, los llevó en el antebrazo.

Nota: Una felina vino a recordarme un sueño que no podía dejar pasar, el recuerdo de mi linaje. Gracias, Minina.

V. B. L

Luna

-Lo sé puedo alcanzarla, está tan bella, me llama.          
Y el loco se lanzo al mar perdiendose en el horizonte. Ahora dicen que en el lado oscuro de la luna vive aquel hombre loco para los vivos, Dios para los Dioses.

V. B. L

19 de Septiembre.

Yo tuve una lámpara roja, como Marte era hermosa (tenía estrellas atrapadas) pero asfixiante y venenosa, cuando la contemplaba los recuerdos me oprimian el cuerpo y resultaba difícil respirar y pensar; no me daba cuenta porque era un dolor que no quería dejar, era lo único que me quedaba, lo había pensado muchas veces atrás, regalarla, pero fue la única evidencia que conservé para tener la certidumbre de que existimos.

Desde niña había anhelado una lámpara de lava, un día se lo confesé mientras pasabamos por un puesto que las vendía, era de noche, preguntó por el precio y la compró, me regaló un contenedor de estrellas. Esa lámpara conservaba el Universo que sentí por él.
Yo me perdía por las noches en ella, aún más después de que él se fue, hasta que un día vino el terremoto y caminó por mi cuarto hasta llegar a ella, se tambaleo, cayó, se rompió y las estrellas del Universo se esparcieron por el suelo de mi habitación.
Las grietas no solo se hicieron en la tierra y a través de estas no solo salieron gases que no podía seguir conteniendo el centro del planeta, también se hicieron en las personas, yo, una obra en construcción, tuve una grieta en el cuerpo y gracias a eso pude volver a respirar porque descomprimió mi ser, abrió para permitir salir.

Ya no tengo lámpara de lava, ya no puedo perderme en ella mientras recordaba sus ojos, ya no veo estrellas subir y bajar, ya no siento el Universo, ahora la lámpara también es un recuerdo. No era inestable, solo se fue cuando el tiempo la reclamó.

V. B. L

Nueva pulsera.

Ayer iba con mi abuelita y me jaló una pulsera entonces me puse a recoger mis cuentitas y estaba en eso cuando un señor regresó y nos dió $5, fue muy extraño porque el señor dijo "tengan yo pongo esto de mi bolso", seguramente guardaré (tal vez no esa misma moneda porque la conservaba ayer en mi bolsillo del pantalón y al dormirme la saqué y la junte con mis otras monedas) una moneda de $5 en honor a ese señor que tan bondadoso y extraño nos puso $5 para algún sentido que algún día entenderé. Mientras mi abuelita y yo nos miramos, nos reímos y ese momento, en el paradero de las combis de Indios Verdes, de mañana cuando el cielo ya está pintadito por los rayos del sol y las nubes hacen hoyos en ellas para no impedir el paso del sol, ese momento con esa gente a nuestro alrededor, caminando sin darse cuenta de nosotras, unos solo viendo mis caderas, otros que les estorbaba el paso, otros percatandose de mí hasta que casi caen encima de mí,  con esos ruídos de motor, de chiflidos, de gritos, de bullicio, se hizo nuestro momento. Ahora mi abuelita y yo somos cómplices de una moneda de $5.
Me pregunto qué habrá pasado por la cabeza de ese señor, el único que nos miró.

V. B. L

Pasarás.

Pasarás como los vientos que no he olvidado, pasarás como los besos que han besado más que mis labios, pasarás como los ojos que no he podido borrar de mi memoria. Pasarás. Y al final se me olvidará tu cara, tu cuerpo, tus besos, tu calor, tu latir, tu olor, se me olvidarán las imágenes, lo único que no pasará serán los sentimientos que conocí contigo. Quedarán como un recuerdo viviente que no será recordado pues lo tendré y lo sentiré pero no me acordaré de tu cara, de tu físico, solo de tu nombre (tal vez), solo de tus ojos, solo de tu aroma  y si eso se llega a borrar de mi mente, lo que quedará nuevamente será lo que sentí cuando vi tus ojos, cuando besé tus labios por primera vez y cuando estuve por un segundo segura de que iba a ser inmortal en la mortalidad. Así pasarán partes de ti pero si tus ojos no son olvidados, si todo lo que sentí perdura, terminarás por no terminar de pasar.

V. B. L

TOQUE DE QUEDA.

A veces hay palabras que me parecen lejanas, otros días, como hoy, las entiendo.

Hoy un señor (entre 50 y 60 años, alto, delgado, moreno y canoso) en la combi que tomo para mi casa, me sonrió, yo con cierta desconfianza, duda y obligación le respondí por empatía porque, a veces, es difícil adivinar las intenciones de ciertos gestos. Me he acostumbrado a andar con cara seria, despreciable y payasa para marcar mi territorio y protegerme pero a veces me duele la cara, pienso que no todos quieren acosarme (que simplemente es una muestra de empatía porque aún existe sinceramente, no es solo un disfraz) y bajo la guardia, como hoy, pero resulta que mi intuición se activa. Después de esa recíproca "empatía" lo ignoré para dejarle claro que no me interesaba ni platicar con él. Hay días en las que confronto las miradas y sin palabras les digo -sé que me estás viendo, ¿Qué quieres?, no me voy a cohibir, agachar o dejar, no te tengo miedo, defenderé mi vida hasta el final- pero hay días, como hoy, que no tengo ganas, ánimo o fuerza para confrontar y prefiero ignorarlos, hacerlos invisibles. Me di cuenta que buscaba que lo viera y yo lo seguí ignorando, luego vi que discretamente solo estaba al pendiente de mi bajada de la combi y así fue. Quedamos tres pasajeros, él, una señora que iba adelante con el chofer y yo, me hice a la desentendida hasta que ya no pude más y tuve que pedir mi parada, esperó a ver en dónde bajaba para abrirme la puerta y vi la intención de querer marcar que ese también era su destino, al ver esto pensé en dicerle al chofer -ay no es cierto, bajo en la otra esquina- para que ese señor se bajara, pero en segundos pensé, ¿Y si no se baja?, la otra calle está más oscura, ¿Tendré el valor de decirle que se baje porque ahí era su supuesto destino?, pero el chofer presionó nuestra bajada y yo no me armé de valor. Bajé y él bajó conmigo, como lo intuí. Hice tiempo para comprobar lo que pensé, voltee para ver hacia dónde había caminado (otras veces ya lo he hecho y cuando me pasa algo similar, me volteo, planto bien los pies y lo miro a los ojos -a mí no me vas a hacer nada- pero en esas ocasiones ha sido más temprano, no a las 11:00pm), su error fue voltear después de mí y así hacerse obvio, se atraveso la pequeña avenida, hizo que iba a hablar por teléfono y yo caminé hacia mi casa. Antes de bajarme de la combi procuré tranquilizarme pero todavía eran congeturas, podía haber un margen de error y que yo estuviera paranoica, pero cuando me bajé y vi que esas congeturas eran acertadas, no supe qué hacer y cómo actuar de la forma correcta. El señor de la combi se paró, iba hacia el rumbo por el que camino para llegar a mi casa y me daba cierta confianza por ir con la señora que conozco (porque a veces coincidimos en horarios), pensé en alcanzarlos y decirles que si me daban un aventon pero luego se regresó a la tienda y yo decidí seguir.
El punto no es que me dieran aventon para que no me pasara nada malo hoy, era, es, que me da miedo que un tipo con esa mentalidad acosadora, que se atrevió a seguirse o bajarse antes del lugar a dónde realmente iba para seguirme, sepa por dónde camino.

Seguí, caminé rápido, voltee de vez en vez para ver si aún me seguía o se había dado cuenta al ver que yo me había dado cuenta de su enferma acción y se había quedado pero no recordé cómo iba vestido y no alcancé a ver su rostro, caminé, preparé mis pies, -tenemos que perderlo, no puede saber en dónde me meto, al menos no tan cerca porque mis rumbos ahora ya los conoce, aún tengo posibilidad de perderlo aunque sea en está L-, llegué a la esquina, doble lo más normal que pude y me eche a correr.

Llegué a mi cerrada, me costó un poco de trabajo abrir la reja, entré y aún adentro traté de pegarme a la banqueta para que si llegaba ahí no viera a qué altura me metí, incluso, ahora, por un momento me llegó la inquietud de si estoy segura en casa, qué frágiles somos.

Antes de entrar a casa pensé en tranquilizarme para que mi mamá no lo notara y así evitar que se preocupara, la salude, le pregunté por su día, entré al baño, salí, fuimos a la cocina, traje mi cena, todo esto mientras me preguntaba si debía decirle o no y llegué a la conclusión de que no hacerlo sería peor si algo me llegara a pasar así que decide contarle,

-Mamá, no sabía si decirte o no, no quiero que te preocupes, pero un señor se bajó en la misma parada que yo porque me siguió. Le di la descripción y, obviamente, se preocupó. No quiero imaginarme el miedo que sentiría si yo tuviera una hija, me dijera esto y de pronto la posibilidad de que no la vuelva a ver, de que me la secuestren, violen o maten se hiciera más cercana.

Me dijo que si no puedo hablar con mis compañeros y pedirles salir más temprano de mis ensayos, me dijo que si no puedo cambiar mi rutina o actividades, me llamó la atención, me empezó a regañar por andar tan noche, -¿A caso yo tengo la culpa de que un hombre me siga?

-Ma, ¿Hice algo mal?

No, hija, pero carga tu gas y procura no andar tan noche sola, hazme caso cuando te digo que voy por ti.

Dos mujeres solas en la noche, ¿Cuál es la seguridad?, ¿Imponen?
¿No aumenta el riesgo? Sola pienso que aún puedo tener la posibilidad de correr pero ella, ella daría su vida por mí y no quiero perderla.

Esto suena a una historia de terror, por desgracia, no lo es, es parte de la cotidianidad que hoy me acercó un poco más a la peligrosa realidad, me hizo creer más o reafirmar el pensamiento que me ha rondado últimamente -le estoy jugando al vivo por andar tan noche, por llegar tan tarde a casa, por salir de mis ensayos noche, por salir del teatro noche, por salir de clase noche, por ir a bailar y salir noche, por platicar, demorarme y salir noche, por vivir lejos, porque me gusta caminar despacio, mientras veo la luna, el cielo o escucho el silencio y los ruidos de noche-, ahora es de noche pero ya lo he dicho, también me ha pasado de día.

Hoy duermo en casa, hoy me vio llegar mi madre, mañana me verá despertar mi abuela, espero que si un día no nos vemos no sea porque alguien más pensó o se sintió con el poder de violentarnos.

P. D. Solo me queda pedir, a los que son padres o madres, por favor, enseñen a sus hijos e hijas a amarse y respetar la vida del otro.

V. B. L

Tatuaje.

He dicho que me tatuaré unas alas y me lo han prohibido, he dicho que me tatuaré alguna Virgen y me han dicho -Bienvenida hija mía, entras a la luz.

-Noche.

V. B. L

Labios.

En tus labios me perdí esa mañana, en ésta eternidad de un día, en éste amor de un instante, pero si la vida se acaba al otro por qué no vivir éste que hace algunos ayeres tuve, el que aun no termina por irse, el momento que quiere quedarse y sin embargo mis pies ya caminan. Adiós momento hermoso, adiós eternidad.

-Madrugada.

V. B. L

" "

Mi cuerpo está entre comillas. Ha estado entre paréntesis, ha estado suspendido y le he buscado, infinidad de veces, puntos seguidos a los que eran puntos finales. Mi cuerpo ha conocido la levedad. Mi cuerpo físico se ha quedado en tierra mientras el espíritual ha burlado a cronos, se lo ha deborado solo para que pudiera guardar por un instante la eternidad de tus labios, pero cronos revivió y el haberlo humillado al tratar de sobrepasarlo me costó caro. Burlé, no solo a un dios por amor, reté a la existencia misma sin importar galaxia, ¿Sabes lo que provocarías si el Universo se llegara a enterar de que pudiste romper el espacio/tiempo? cualquier forma de organización se extinguiría, no habría ningún tipo de orden, me dijo Cronos y yo ingenuamente le respondí, ¿Y si carecer de orden no es tan malo?, ¿Y si esa manía tuya de tener la eternidad bajo tu yugo la dejas y nos esparces?, ¿En serio crees que no es posible la vida así, sin ti como nuestro verdugo?, pero dañar el ego del creador tuvo un precio alto. Lo último que recuerdo de aquel momento fue, Oh mi niña, lo que tu pretendes hacer es congelar este instante, ¿Te diste cuenta que lo terminarás matando?, no solo en el amor se vive la eternidad, ¿Sabes en donde también te congelo? Tendrás que mostrarme lo que es vivir sin mí. Fui desterrada no de la tierra por haber retado al todo, fui desterrada del tiempo y me dejó en la nada, expulsada de la vida, exiliada del sueño. Después de aquella sentencia Cronos me reestableció en la vida, nosotros continuamos burlandolo incontables veces, yo sabía cómo salirnos del tiempo y tus labios eran el camino. Un día el camino no estaba, continuaban tus labios pero no había puente, continuaba tu cuerpo pero no había latir, respirabas, veías, hablabas, escuchabas, olías, sentías, pensabas pero no era más en mí. Te fuiste. Tú, por el que reté al todo, terminaste por irte. Esperé a que Cronos viniera por mí y me restregara complacido su victoria, su Suprema presencia, su absoluta y única verdad bajo la cual todo obedece, gira y funciona pero no pasaba, pasaba para los demás mientras yo permanecía en el mismo lugar donde me dejó el que tenía el camino, sin él ya no puedo burlar a Cronos, ni siquiera provocarlo y así poder preguntarle lo que está haciendo conmigo, ¿Por qué no avanzo? Entonces conocí el desorden, conocí el caos. Cronos esperó pacientemente hasta que llegó la hora de cumplir sus palabras. Me dejó, me soltó, "me liberó" (este es mi cuerpo, una ironía entre comillada), me quedé suspendida solo contemplando la bóveda celeste, solo viendo como pasaba todo por el tiempo, como pasaba Cronos, como continuaba el de los labios mágicos sin mi, todo seguía menos yo.
Al menos la condena me dió hermosa vista, el dolor, a veces, cuando es soportable, embellece la existencia, la hace sublime. Me restan cuatro de mis tres eternidades a cumplir antes de ser reincertada en la vida y continuar en el tiempo sin ti.

-Eternidades.
V. B. L.

Entre olas, la muerte.

Entre las olas de la vida me debato, vienen una tras otra con tanta ferocidad que me da la impresión que la muerte  está entre mis olas y empieza a tomarme de la cintura y jalarme violentamente hacia el fondo donde ya no pueda sacar un instante mi cabeza y tratar de respirar lo más que pueda. No viene sutil. No viene seductora. No viene melancólica o triste. Vino decidida.  Vino a arrancarme de la vida así sin más.

V. B. L

Un desconocido conocido.


Me gusta saberte posible, me gusta esperarte, me gusta saberte en mí, me gusta saberme en ti, me gusta saberte real, me gusta saberte utopía, me gusta saber que pronto hemos de volvernos a encontrar, me gusta saber que pronto hemos de volvernos a presentar...

¿Será que el viento nos habla, escuchas mi susurro y te sabes el camino guiandote por las estrellas?

V. B. L

La espera.

En algún lugar sé que estás. Te mandé a hacer una sombrilla para que te ofrezca una tregua con el sol o resguardo de la furia de Tláloc. Te estuve esperando y me cansé, la columna casi se me olvida así que mandé  contruir una banca desde donde descanso mi columna, observo y te espero. Pero tardas tanto... Un día yo miraba hacia el horizonte, esperando tu llegada y un pajarito se acercó a mí y me pidió que lo dibujara, así que mandé a hacer una mesita para poder cumplir lo que el pajarito quería. Ahora toda clase de seres vivos se me acerca a pedirme que por favor los dibuje, hasta los atardeceres me han llorado cuando me les niego, me ponen triste así que termino dibujandolos y se van a prisa para contarle a la noche que no se demore pues hay un loco que dibuja noches.
Así es como te espero, y en mis ratos libres te dibujo y en mis sueños te vislumbro. Llega pronto, aquí sigo y qué crees, te construí una sombrilla, una banca, una mesita y ya tengo un libro de dibujos para ti.

V. B. L

Autómatas inadaptados.


Ella: Autómata nací, no sé hacer otra cosa más que caminar con la mirada perdida hacia el frente, con la mirada olvidada, ¿en qué parte mis antepasados olvidaron su mirada?, ¿en dónde la abandonaron?, ¿por qué?,  ¿por qué siento que me faltan muchas partes de mi? Siento que nací incompleta...¿nací?, ¿cuándo?.
Tengo un hueco debajo de la nariz, "algo" por donde tengo la necesidad de mover cuando las palabras en mi cabeza aparecen, pero no sé qué hay ahí, no sé si haya piel abierta ahí,  por donde pudiera imitar el sonido que hace el animal con esas telas en vez de brazos. Me gustaría poder quitarme  esta cara de metal, es ajena a mi, no la siento mía, no es mía. Pero no puedo. He lastimado mi cuello infinidad de veces por querer arrancarme la cara de metal. Siempre organizados en fila, haciendo al escuchar y sin problema pero a mi una y otra vez se me aparecen las palabras en mi cabeza cuando los "elegidos" hablan, una y otra vez mis brazos se tensan, mi cuerpo se endurece y una y otra vez me quedo parada por un segundo viendo como los demás sin más obedecen, ni siquiera se dan cuenta que yo me he quedado parada. Los guardias llevan años luz haciendo lo mismo que ya ni siquiera nos cuidan, por eso me puedo escapar. En el cuarto de trabajo hay dos puertas; una da al pasillo largo que atravesamos todos los días, dos veces al día, (esa es la cuenta que llevo desde conocí el "...") lo que nos marca el comienzo y termino del día, la otra puerta da a un lugar maravilloso, al verlo la palabra en mi cabeza brotó, "páramo", así lo llamé yo.
El  "páramo", ahí el tiempo te da la bienvenida de una forma muy distinta a como nos saluda en los fríos e interminables cuartos de trabajo, ahí el tiempo te acaricia con sus estrellas grandes y chiquitas, con la luz brillante y hermosa que lastima mis ojos y la otra igual de hermosa pero que me permite verla, con el llamado de los animales con telas en vez de brazos, con "eso" que cada vez que salgo al "páramo" hace que mi pecho se infle y surque un caminito que pasa por mi vientre y llega hasta lo que está debajo de mi vientre, ahí en donde despierta al agua que sale de mis ojos, es fresco y acaricia mi falda y saca granitos de mi piel cuando me camina por el cuerpo. En el "páramo" conocí los ¡colores, las plantas, la tierra, las flores, las frutas,  el agua que sale de la tierra y de mí, los animales, los sonidos, la magia, lo bello, la amabilidad del tiempo, la palabra amabilidad y tiempo las conocí ahí!, los nombre con las palabras que me dió mi cabeza cuando los vi, he aprendido ahí. El "páramo" está abrazado de azul, debajo de las plantas y de la tierra, sobre ellas a lo lejos, y en el horizonte se juntan, en la tarde se le agregan más colores, rojo, morado, infinidades de azul, amarillo, blanco, yo quiero ir a ese horizonte, a sentir el abrazo del azul. Cada vez el regreso al cuarto de trabajo se vuelve frío. En el "páramo" me siento bien, alegre, siento como "eso" que me hace falta debajo de la nariz se alarga hacia los lados. Es, entonces, cuando recuerdo la rigidez de la cara de metal porque me lastima.
Otra vez (al anochecer en el páramo), marchamos por ese largo camino hasta llegar a las celdas compartidas y al otro día lo mismo, y al otro, y al otro, y al otro, y cada día yo me escapo al "páramo".

Él: escuché un ruido, algo se asoto y fue, entonces,  cuando por primera vez levanté la mirada de lo que hacía. Ví a mi alrededor, otros como yo, haciendo lo que yo, viendo sin ver cómo yo. Ví, el cuarto infinito, ¿dónde estoy?, ¿cómo llegué aquí?, ¿que había hecho ayer?, ¿qué era un ayer?, ¿qué es esto que aparece en mi cabeza y no para? Empecé a moverme sin poder controlarme hasta que la esquina del cuarto me detuvo, mi pecho se movia muy rápido, mis manos temblaban, tenía... "Miedo", ¿qué era el miedo? Ahora lo sé, el miedo es cuando tú cuerpo se descontrola, el pecho se mueve muy rápido y las manos tiemblan. Después mi pecho comenzó a moverse más lento, para mí todo era nuevo porque nunca había visto el movimiento de mi pecho, hasta que mis manos dejaron de temblar. Me levanté, llegaron por nosotros, nadie se dió cuenta de lo que me había pasado, me formé y marché. Durante el dormir parece que se formateo mi cabeza, así que al otro día volví a hacer lo mismo que había hecho antes del asoton. Así estuve por algún tiempo hasta que un día, otra vez lo escuché, pero esta vez no me temblaron las manos ni se descontrolo mi cuerpo, en lugar de eso me quedé quietesito, con los brazos pegados a mis costillas y el pico en mano mientras mi cabeza recorría los días hasta el recuerdo de cuando ví por primera vez, solté el pico, despacito voltee mi cabeza y los ví, otra vez, a todos haciendo lo mismo que yo, el cuarto interminable pero esta vez habían agregado una puerta. Recorrí el cuarto de trabajo, los ví a todos iguales, solo que unos llevaban falda y más ropa que nosotros, a ellos les tapaban el pecho y a nosotros no y ellos cargaban un cajoncito abajo de su espalda, entraron los oficiales y se quedaron asombrados cuando me vieron parado, sin preguntar me pegaron en la espalda, no me llevaron con los demás, me quedé por mucho tiempo trabajando, hasta que los guardias considerarón que la amnesia me había hecho efecto pero lo único en lo que yo pensaba era en seguir viendo. Volví a actuar como los demás hasta que recuperé la confianza de los guardias y nos dejaron solos, fue ese día cuando abrí la puerta y ví el "páramo", otra palabra que apareció en mi cabeza  y de ahí vinieron infinidad de palabras, llovía en mi cabeza y llovía en el páramo, una tormenta, wn el cielo había líneas que se marcaban de blanco y después se escuchaba como si hubieran asotado millones de puertas al mismo tiempo. Solo pude contemplar esa belleza, nunca me despegue de la puerta así que escuché cuando los guardias venían marchando, salí, cerré, corrí y me posicione en mi número.

Ella: Nunca me había despegado de la puerta, solo me quedaba sentada contemplando el "páramo" hasta que un día, decidí caminar, seguirme, ese día probé las ¡frutas! Y conocí la palabra "deliciosa", y me seguí. Llegó la noche y no quise regresar, ese día ví como las estrellas pequeñitas caminan por el cielo, me senté en el verde del suelo, la tierra estaba caliente, me acorruque en ella y antes de cerrar mis ojos ví una palabra cruzar por mi cabeza como las estrellas pequeñas en el cielo "gloria" y dormí.

Él: llegamos, se fueron los guardias, espere con impaciencia, y cuando me iba a levantar ví como uno de nosotros con falda salía de ahí, ¿había pasado la noche ahí?, ¿cómo sabía de ese lugar?. Algo pasó ese día porque los guardias, apenas se posicionó él en su número, entraron y nos llevaron a las celdas pero a él lo separaron del grupo.

Ella: los guardias se dieron cuenta de mi ausencia cuando pasaron el conteo de los números y no hubo quién timbrara mi número, me pusieron a trabajar por infinidad de noches, no descansé, me dejaron dormir en hielo, me pusieron una cara de hierro encima de la de metal, el cuello me pesaba horrores, la columna no me aguantaba, fueron pasando los días y mi columna fue perdiendo su fuerza hasta que ya no pude caminar. Así trataron de hacerme olvidar mis recuerdos pero pese al dolor yo había visto las estrellas atravesar el cielo y eso nadie me lo iba hacer olvidar. La recuperación fue violenta, apresurada para ellos, interminable para mi, tenía que volver a trabajar así que me arreglaron la columna, ahora traigo otro fierro más.

Después de mucho tiempo, estábamos en fila, algo me hizo voltear y ahí estaba él, dándome una flor del "páramo", de mis ojos brotó agua, y sentí la acaricia del "páramo" a través de la hermosa flor, ¿pero por qué la cortaste? Fue lo primero que se me ocurrió después de sentirme aliviada al verla, y algo pasó, lo escuché, sus palabras llegaron a mi cabeza. El silencio con el que nos mantenían se rompió en nosotros pues llevábamos el silencio majestuoso y el sonido hermoso del "páramo".
Hace muchos años luz que no visito el "páramo", le conté, ellos no dejan de vigilarme mas que cuando estamos en formación.
Él me dijo, "lo sé, te he visto desde que saliste por última vez de ahí." Ahora tenemos con quien platicar, podemos platicar, compartimos nuestros "algo", "eso", "cosas", palabras y sentidos, así hemos comenzado a compartir sensaciones, así hemos comenzado a sentir.
Un día mientras trabajabamos cada uno en su número me preguntó, "¿tú eres como yo?"
Yo le dije "no" y él me contestó, "¿cómo lo sabes?"
Ella: ¿has visto el cajoncito que cargo abajo de mi espalda?, ahí traigo un "algo" en forma de perla que me sacaron de ese "algo" que está debajo de mi vientre. Yo soy una mujer, por ese "algo" que estaba en mí y que ahora guardo en mi cajoncito, tú eres un hombre porque llevas una perla parecida a la que a mi me sacaron, la tuya es diferente, tu la llevas todavía pegada a ti y es mucho más grande. Aunque...Yo ya no traigo mi perla, la sembré en la tierra del "páramo" y brotó un árbol enorme y hermoso lleno de flores lilas y frutas deliciosas, lo que ahora traigo en mi cajoncito es tierra y flores de ese árbol que salió de mí unido con el "páramo".

Así fue como él supo que yo soy una mujer y él un hombre.  No hemos parado de platicar aunque casi no nos podemos ver debido a la mirada de los castigadores, resultó ser que él ha estado formado atrás de mi desde que nos asignaron número. Hemos planeado escaparnos al "páramo" y no volver.

Él: no he vuelto al "páramo" desde ese día en que a ella la separaron de nosotros, después de timbrar mi número, logré regresar al cuarto de trabajo y entrar al "páramo". Ese día tomé la flor desde la raíz y la guardé en el cajoncito vacío que dejaron ellos en mi pecho. Ví como dormía el "páramo" y cómo iba despertando, fuimos una mismo suspiro. Esperé un momento de distracción de los guardias y me coloqué en mi número, no imaginé que ese día sería el último en que vería el "páramo", el último por lo menos hasta hoy. Ella, conserva la flor que le regalé en su cajoncito, me lleva con ella y yo la llevo conmigo. Ya no estamos solos en este interminable cuarto de trabajo, agachados, olvidados, perdidos, sin ver aunque veamos lo suficiente para obedecer, ahora nosotros vemos, sabemos que hay un "páramo", que hay mujeres, hombres, plantas, flores, animales que viven en el aire y otros en la tierra y otros en el agua, que hay agua, colores, sabores, aromas, y que aun el silencio tiene su propio sonido, sabemos que hay cielo y en el estrellas como las palabras en nuestra cabeza.

Planeamos escaparnos al "páramo", solo esperamos una distracción. Solo esperamos una distracción.

V. B. L

Días de fe desesperada...


Por favor fuerza, no me abandones.
No me dejes sin motivos.
No me dejes sin sueños.
No te vayas.
No me dejes los ojos huecos y una cara pesada.
No me dejes la vida como una carga.
Por favor fuerza, no te me vayas.

V. B. L

Desplome.

Vi el inminente desplome, esperé, anestesiadamente, a que la nube de polvo se terminara de dispersar, miré hacía el piso, caminé entre mis ruinas, busqué el principio, no lo encontré, agarré mis escombros, caminé con mis pedazos entre los brazos, seguí caminando hasta que llegué a un lugar vacío, tiré mis escombros, miré mis manos callosas por el peso y llenas de tierra, me senté, contemplé por largo tiempo el vacío, para cuando regresé ya había creado un pozo con el agua de mis ojos, contemplé el pozo y mis escombros, volví a ver mis manos, toque el agua con la yema de mis dedos y sentí como poco a poco penetraba cada cada capa de agua hasta que sumergí mis palmas por completo, las limpié, entre ellas agarré un poco de agua y refresqué mi rostro, mojé mi cabello, bebí un poco, la contemple, miré su calma, me vi en ella, suspiré, me levanté, caminé hacia mis escombros y comencé. Agarré mis escombros, los expandí, analicé su forma para ver cuál embonaba con el otro, tomé el primero, tomé el segundo, lo giré y lo uní con el primero, tomé el tercero y así sucesivamente… Ya cayó la noche, hace frío y hay un hermoso cielo oscuro lleno de estrellas, estoy bien, sigo agarrando mis pedazos,  construyéndome de nuevo y de vez en cuando paro a refrescar mis ojos.

V. B. L.

Añoranzas.

Cada vez que creo en la presencia se presenta la ausencia.
Qué pendiente estás ausencia que no dejas que te olvide ni por un instante.
De vez en seguido me haces recordar que la única presencia con la que cuento a todo momento pero a menudo olvido, es la mía.

Recordatorio de ausencias.
Añoranza de presencias.

Y tú..., ¿Estás?

V. B. L

Palabras.

Extraer el contenido de las palabras.
Substraer el contenido de las palabras.
Encontrar el contenido de las palabras.
Pedir permiso para llevarme el contenido de las palabras para escuchar a mis ancestros y agregar a esa historia mis palabras.
El contenido de mis palabras, y cuando estos no se dejen ver o separar para plasmarlos en mi piel, en mis cuerdas, en mis ojos, en mis silencios, en mis manos, en mi cuello, en mi pecho, en mi cabello, en mi memoria, en mi cuerpo, en mi voz...
Arrebatar el contenido de las palabras.
No para huir, para quedarme.

V.B.L

Mirar.

A veces no sé a dónde miro, a veces dejo mis ojos anclados a un lugar para tener a dónde regresar después de ir a mi profundidad. A veces no sé mirarte. Aquí veces no quiero mirar a nadie y voy con la mirada baja o demasiado arriba, a veces me pierdo viendo el cielo, a veces me pierdo contando las grietas del suelo; a veces te miro y me sumerjo en tus ojos; a veces veo mi reflejo y recorro cada señal que me ha dejado la vida en el rostro y en las pupilas, a veces volteo y miro cosas que no tenía que ver o que no quería ver, a veces veo y no sé qué hacer, a veces no puedo con lo que veo, a veces necesito ver, y a veces veo y no tengo qué hacer nada solo disfrutar lo que miro.
Mirar, mirarme, mirarte, mirar a otros, mirar a otras, mirar y cuando enfrente de mí aparece un bosque, una cabaña, una playa, un mar o una migaja de pan y mi mirada está y no al mismo tiempo, regreso y te encuentro, ahí, aparentemente inmóvil, inalterable, pero fluyendo, siempre cambiando, a veces drástica y otras imperceptiblemente, vida.
Realmente siempre he visto aunque vea a la nada; aquí estás y te miro, aquí estoy y por eso te miro.
Mirar significa, para mí, acariciar con los ojos y penetrar sutil, brusca y fugazmente.
Mirar tiene varias acepciones, se le ha concebido como un acto superfluo, carente de profundidad pero también significa cuidar, proteger, pertenecer, tocar, defender, reflejarse, reconocerse, pensar, buscar, hallar, meditar, resguardar, tener un objetivo o finalidad.

El origen de mirar es admirarse.
A veces cuando miro, contemplo, cuando miro escucho, cuando miro observo, cuando miro pienso, cuando miro admiro, admiro, admiro la maravilla que está pasando ante mis ojos y me deja sin palabras, me suspende y todo se calla, penetra en mí y a veces cuando miro, no necesito tener los ojos abiertos.

V. B. L.

Conjugaciones de ti.


Te vi.
Me sorprendí.
Brillabas.
Te reconocí.
Te había buscado.
Te encontré.
Me acerqué.
Me viste.
Nos vimos.
Te acercaste.
Nos besamos.
Nos abrazamos.
Nos sentimos.
Nos escuchamos.
Nos vivimos.
Habitamos.
Bailamos.
Estuvimos.
Dormimos juntos.
Amanecimos juntos.
Nos pensamos.
Viajamos.
Compartimos.
Soñamos.

Algo pasó.

Te fuiste.
Me quedé.
Te esperé.
Te volví a buscar.
No te encontré.
Regresaste a ratos.
A ratos te volviste a ir.
Dejaste de estar.
Dejaste de pensarme.
Deje de verte.
Deje de seguir.
Te ausentaste.
Me alejaste.
Me dolió.
Mi orgullo volvió.
Mi inseguridad se hizo presente.
Me di cuenta que no te nacía más saber de mí.
Suspiré.
Me tuve que ir.
Nos fuimos.
Fuimos.
Ya no nos reconocimos.
Ya no nos extrañamos.
Ya no nos vimos.
Ya no nos besamos.
Ya no nos escuchamos.
Ya no nos soñamos.
Ya no viajamos.
Ya no amanecimos juntos.
Ya no dormimos juntos.
Ya no nos vivimos.
Ya no nos sentimos.
Ya no nos compartimos.
Ya no nos respiramos.
Ya no brillas.
Ya no brillo.
Ya no nos quisimos más.
Ya no llegamos a amarnos.
No estuvimos más.
Me quedé a mitad del sueño.
Tuve que despertar.
Ahora hay que dejar ir el sueño de ser nosotros.
Ahora sabemos que fuimos, que ya no somos y que hubo un juntos alguna vez.

V. B. L

Memoria.

Una casa.
Clósets, ropa, muebles, toppers, cortinas, una cama...

La casa de mi abuela era muy grande, tenía ocho pisos, en medio de cada uno se podía ver el vacío que quedaba del piso al techo, era un cuadrado enorme y bonito el que se formaba; ya casi no tenía muebles, algunas cosas estaban regadas por el piso, ropa sin forma, roja, telas blancas. Era una casa muy ventilada y blanca, el aire se metía por las ventanas y jugaba con las cortinas (blancas también), entraba por ellas, hacía una panza con ellas o las dejaba adentro descansando como tablas.

Solo estábamos nosotras, solo me dejo a mí quedarme en su memoria para cuidarla, para solo observarla, acompañarla y dejarla ser, para que pudiera subir, bajar, acomodar o más bien desacomodar aunque en su mente ella limpiara, recogiera y ordenara, ella aún tenía cosas qué hacer pero realmente ya casi no quedaba nada más que unas cuantas cosas regadas, muchos pisos, un hueco hermoso en medio, una zotehuela grande con una lavadora, muchas ventanas con sus cortinas y una recámara con una cama, que desentonaba con la peculiar sencillez, elegancia y el espacio de su casa, parecida a donde vivimos (yo por quince años, ella más), era azul, cacariza, chica, llena de chunches, como le dice mi mamá a las cosas acumuladas, y una tele que siempre estaba encendida.

En esa casa blanca, grande, desierta, con cosas escasas, excepto en su cuarto, solo quedamos ella, yo, algunos de sus recuerdos desacomodados y mucho espacio... me da la impresión de que por tanto que se mete el aire un día va a terminar por desprender la casa y nos llevará volando.

V. B. L

lunes, 4 de marzo de 2019

Madrugada.

Hace muchas noches que no me daba miedo la noche pero hoy me volvió a pasar. 

Ya sé por qué a veces no le tenemos miedo a los fantasmas, porqué a veces les tenemos empatía, a veces nos reconocemos en su espíritu vagabundo, abrumador, monstruoso y si uno se pone a pensar bien, triste, porque a veces nuestra vida va tan del carajo o al menos así la sentimos y nuestros pensamientos no son nada positivos, que si muriéramos en ese instante, ¿A caso no nos volveríamos un terror fantasmal? Cuando no le tenemos miedo a los fantasmas es porque sabemos que sufrieron, que su alma estaba llena de dolor y lo convirtieron en ira, en presencias pesadas y oscuras y se volvieron parte de la energía negativa que también hay en el mundo, no sé si en el Universo pero al menos en este poco que conozco sí.

Esta noche soñé la noche, me soñé en la sala/comedor de mi antigua casa, a oscuras, formando un círculo con otras mujeres, con velas al rededor y a mis espaldas la cocina, ese cuarto pequeño con muebles e inmenso, sin fondo y oscuro oscuro que era sin ellos y que siempre me dio miedo. Cuando algo me daba miedo de chiquita me decía "tienes que ser valiente" y me obligaba a ver, a abrir los ojos cagándome del miedo y ver, ahora cuando algo me da miedo, no volteo o aprieto los ojos como si alguien me los pudiera abrir a la fuerza; lo que sí sigo haciendo es tratar de explícarme de forma lógica los ruidos y caídas de algunas cosas y las presencias que a veces siento tras de mí.

No sé si estábamos invocando a un ser o varios de la oscuridad o solo de la noche pero cantábamos y yo tenía miedo por lo que empecé a sentir que había detrás de mí, en ese cuarto sin fondo al que llamé cocina por 15 años, me movía, buscaba que no estuviera a mis espaldas, lejos (ni tanto) pero a mis espaldas. Luego me dio miedo la recámara que estaba a la derecha y al frente de ese cuarto grande con espejo en la pared principal, lleno de humedad, al que llamamos sala/comedor, con ese piso cacarizo y frío; la recámara también estaba oscura oscura pero la luz de las velas lograba alumbrarla un poco y luego me empezó a dar miedo la pared verde agua que estaba atrás de mí, a un lado de ese pequeño cuarto en donde muchas noches me metí a llorar al llegar de la secundaria, donde me bañaba a jicarazos y a veces, las últimas veces de secundaria, con agua fría porque me entretenía entrenando, supongo que era mi forma de desahogarme y no sucumbir a la tristeza y ansiedad que mi cama (que en ese entonces era el piso) podía contener, y se me hacía tarde para ir a la escuela, por eso no podía esperar a que el agua se calentara. De pronto, no pude más con mi miedo y las tuve que agarrar de las manos para sentirme fuerte, acompañada, segura, aquí, anclada a la tierra, para sentir que nadie o nada podría jalarme desde esa oscuridad y llevarme a ella si ellas me sujetaban, ¿Quiénes eran ellas?, tampoco me daban mucha seguridad, confianza o tranquilidad, sentía cómo algunas me miraban raro, ¿Eran diferentes o todas eran yo?. Nuestro círculo no era uniforme, se deformó la primera vez que me moví y se volvía a deshacer cada vez que me movía pero ahí estaba con ellas, tratando de cantar o hablar y escuchar hasta que mi inquietud y miedo interrumpió a una y volvió, en ese círculo deforme, a intentar calmarse o engañar, entonces, no sé si realmente entendí fugazmente o así quise entender para calmar mi miedo, que a veces los fantasmas no dan miedo, y ese a veces es cuando sentimos lástima o empatía por ellos porque sabemos que también vamos a morir y quizá nuestra alma deambule y esté llena de dolor y rabia, quizá sea pesada y tome una forma de oscuridad, de la que da pavor, de la que quita la vida y se lleva al espíritu, quizá quiera cobrar venganza y asustar a cuanta persona se me ponga en frente; ¿Por qué los asustaría?, ¿Qué me llamaría la atención de ellas o ellos que les querría quitar?; luego me despertó mi mamá, ¿O mi mamá me despertó primero?, porque escuchó que se cayeron las cosas, quién sabe qué cosas pero algo se cayó, sí, ahora que recuerdo, primero estaba inquieta, me sentía mal, con miedo, un poco de ansiedad (de la que aún se puede controlar respirando lenta, casi imperceptiblemente), después mi mamá me despertó para decirme que escuchó que se cayeron unas cosas, yo decidí negar mi miedo a los fantasmas y decirle que seguramente se había caído mi celular, ninguna de las dos se levantó en ese momento a ver, a veces es mejor esperar hasta que salga la luz del sol para abrir los ojos y ver lo que se cayó. Mi mamá pensó que había temblado, en todo caso si hubiera sido así, nos hubiéramos muerto juntas, una a lado de la otra porque para lo único que le dio su sueño y sentido de alerta, fue decirme que me hiciera hacia el centro de la cama por si sí estaba temblando y las cosas se empezaban a caer y a mí para lo único que me dio el miedo fue para empujar mi cuerpo adolorido, fastidiado, abrumado y pesado hacia ella, luego soñé el miedo.

Hace muchas madrugadas que no me despertaba a escribir, aún, de vez en cuando, me despierto a las 3:00 de la mañana, dicen por ahí que es la hora del diablo, a veces me da miedo y no el diablo, ni creo en él, si no la oscuridad y lo que la habita también, la energía negativa en la  que se convirtieron algunos muertos y en la que se convierten algunos que aún están vivos, si a eso se le puede llamar vida. 

Quién sabe, quizá no hay ningún fantasma, quizá solo tema por mis monstruos, por las cosas que inquietan, desesperan o dan miedo a mi mente y alma, quizá sí tenga un alma o quizá sea lo que llamamos subconsciente y me habló, me hizo recordar esa antigua casa de la cual nunca o casi nunca escribo, mis miedos de niña y mi valentía de ese entonces, quizá vino a mostrarme mi subconsciente que la estoy cagando en algo... en algo.

Se despertó mi mamá, me desperté yo, tenía que ir al baño así que no lo pensé y por mero impulso de necesitar la luz para sentir paz y la necesidad de vacíar mi vejiga, me levanté de un movimiento y prendí la luz, de chiquita no estaba tan alta y las dimensiones eran gigantescas y largas para mí, así que cuando algo me daba miedo y tenía que prender la luz contaba hasta tres y corría a prenderla. Nunca me ha dado tanto miedo apagar la luz como prenderla.

Ahora, despierta, ya no siento miedo a la oscuridad que aún es, si no a las mujeres que estaban en ese círculo, ¿Y si ellas eran las muertas?¿Y si ellas eran las fantasmas?¿Me agarré a la muerte para sentir que podía sujetarme a la vida?¿Y si ellas me dieron miedo porque eran mis yo muertas?¿Me agarré de esas yo muertas para sujetarme a la vida?

Pensé que era el final de la historia pero luego se la conté a mi mamá, en el transcurso se cayeron las cosas del baño, después, hacia el final, empezó a parpadear el foco, vi cómo una mancha negra iba entrando por el techo como si fueran manos gangrenando la blancura de mi cuarto, y antes de que se fundiera el foco se quedó en un hermoso color cálido, su color entre naranja y amarillo se suspendió unos segundos, lo contemplamos, luego se fundió. Al terminar me volvió a dar miedo, me levanté con esa adrenalina, prendí la luz del pasillo (escuché los pasos de mis vecinos), la serie de mi pared y mi lámpara, comenzó a apestar y desconecté mi serie y la lámpara. Ahora solo está la luz del pasillo, mi mamá casi se va, me quedaré sola en el cuarto y aún no amanece pero correré las cortinas, volveré a prender mi serie arriesgándome a morir intoxicada si sigue apestando el foco fundido porque tengo gripe y no huelo, pero una cosa es segura, sigo aquí, viva y antes de irme, cambiaré el foco.

-Madrugada de alguna mujer, hombre, ser humano... o ente.

V. B. L

No me hables si mientes.


No me hables si mientes,
No quiero ser un intento de palabras bellas,
No quiero palabras "b"anas,
Palabras blandas,
Palabras falsas,
Palabras débiles,
Palabras frágiles,
Palabras vapor,
Palabras polvo,
Palabras huecas,
Palabras secas,
Palabras sin rostro ni sangre.
No me hables si me mientes,
No envenenes más las palabras que me dices,
Entiéndelas,
Obsérvalas,
Siéntelas pero realmente siéntelas y entiéndelas, no las apresures, no las mal gastes, no las prostituyas, no las hieras.
No las desperdicies, nos las correteés, no las persigas, no las jaloneés, guárdalas si no sientes su origen; si las estás simulando, deshechalas, no te sirven; rechazalas si se quieren asomar pero no están; si no salen desde la tierra como premonición, si no recorren tus huesos, si no erizan tu piel, no las digas.
Mejor rómpeme con palabras que sí sientas, no te preocupes, soy capaz de reconstruirme pero no las utilices para disfrazar, para engañarte o engañarme, no, mejor, calla, calla, mil veces calla antes de pronunciar una palabra y matarla por ser blanda, hueca, confusa, falsa, mentira.
No me digas palabras falaces, palabras adorno.
Necesito palabras verdaderas.
Necesito palabras sinceras, palabras origen, palabras que retumben con su eco no por su volumen sino por lo que contienen, palabras premonición, palabras aprehendidas, palabras desprendidas de lo más sincero que puedas tener.
Palabras tuyas para mí...
Pero si no es así solo no las utilices, si no son eco de tu profundidad, si no son ladridos de tu hérida donde se junta el dolor y la paz, no me las digas.
Si no hay palabras que nazcan para mí, calla. Calla. Mil veces calla antes de esconderte entre las palabras.
V. B. L


Quiero.

"Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso"

Quiero ser llamada universitaria no por haber estado en la universidad sino por habitar un micro espacio de un solo verso, el universo.

Quiero aceptar mi condición de humana, mi destino mortal y celebrarlo una vez al año y quiero dejar de añorar la permanencia.

Quiero volver a trepar por los árboles y desde sus ramas renombrar la existencia, cada noche, cada cometa, cada cosa que me atraviese el alma a través de mi piel, mis ojos, mis oídos, mi boca, mi nariz, mi sonido, mi voz, mi silencio.

Quiero andar por el Universo con la fuerza y sutileza de mis ancestros y continuar danzando con ellas, con ellos,  yo en la tierra y ellas, ellos, en el firmamento, transformadas en astros, en viento, en fuego, en agua, en halos, en auroras, en atardeceres, en silencios, en suspiros, en música, en recuerdos, en colores, en formas, en símbolos, en palabras. 

Quiero volver, una vez dejado mi cuerpo, volver en viento y despeinar y abrazar y recorrer todo el mundo en un día, que para mí dejará de existir el día y la noche, el cansancio, el sueño y solo contemplaré y me reiré y conmoveré cuando recuerde la vez que fui humana, quiero ser lo único que está en medio de dos que se miran a los ojos y se encuentran, que se besan la existencia, lo único que acompaña cuando el corazón se oprime.

Quiero que mi movimiento sea agua, rocas, ríos, constelaciones, bosques, desiertos, selvas, mar, tierra, playa, invierno, primavera, otoño, un venado, una hérida, un espacio, una nueva posibilidad de empezar de nuevo, de resurgir.

Quiero que mi edad sea antes y después de mi cuerpo, quiero tener la edad de la vida.

Quiero que la tradición se desdoble.

Quiero ser canto.

Quiero ser voz.

Quiero ser sonido.

Quiero ser palabra.

Quiero ser símbolo.

Quiero ser silencio.

Quiero ser lengua.

Quiero ser movimiento.

Quiero ser la sensación cuando cedo y me suspendo, alargo y prolongo unos segundos el tiempo, en el movimiento, el silencio, un beso, una caricia, una entrega o tan solo un acercamiento.

Quiero que la muerte me deje conocer todas las posibilidades de estar viva en este cuerpo mío; quiero que cuando llegue, me arrulle y le sonría, que no me de miedo, que sea como haber encontrado al amor de mi vida y me sienta en paz, como muchas veces me sentí en vida.

Quiero que el pasado sea un hecho maravilloso, guerrero e inspirador. 

Quiero que mi sexo deje de representar debilidad o fuerza.

Quiero confiar, quiero que sea mi decisión con quiénes, quiero no temerle a la vulnerabilidad de, compartirme desnuda con otros u otras, quiero amar lo vulnerables que somos en la cama y disfrutar el encuentro donde somos animales, donde danzamos, donde nuestra sangre hierve como dos volcanes que despiertan, donde somos, donde nos envolvemos con nuestros brazos, pecho y piernas y nos confundimos de cuerpos porque tu cuerpo es el mío y el mío es el tuyo, donde nos sentimos, nos morimos, gemimos y revivimos, quiero abrazar la fortaleza donde resurgimos cuando  después de gemir, nos miramos y reencontramos.

Quiero que mi Patria, que es el mundo, deje de matarse.

Quiero que entiendan que la juventud no es peyorativa, inmadura, ni una etapa sino la frescura, la curiosidad, la energía, la emoción con que se mira y enfrenta al mundo y no el paso del tiempo en nuestros maravillosos y útiles, para esta forma de existir y sentir, contenedores. 

Quiero que los tratados políticos y científicos sean creados como la poesía.

Quiero que mi vida y muerte sean hermosas.

Y quiero que mi generación que es una sola y sin tiempo quede escrita en el cuerpo y en las paredes de los cuartos y si se acaban, en las de las casas, y si se acaban, en las de las calles, y si se acaban, en las del metro, y si se acaban, en las de los edificios, y si se acaban, en las de los transportes, y si se acaban en los pisos, y si se acaban las construcciones de pie, en los escombros.

V. B. L

Inspirado en el manifiesto de David Meza (comienzo citando una parte), A las siguientes generaciones.

UN NODO

Un NODO.

En el Centro de la Ciudad de México, hay un señor que va por las aceras cantándole a los edificios en ruinas cuya historia parece desconocida pero bien impregnada en sus cimientos.

En una tarde tranquila de viento delicado cuando las jacarandas ya posan con esa fineza tan suya sobre los árboles y acompañan a los enamorados y despojan sutilmente a los desenamorados de sus suspiros, iba un joven muchacho caminando, silbando, medio bailando por las aceras de la Ciudad, embelesado por la magia de esa tarde sentía que flotaba. El cielo estaba de fiesta, pintado de un hermoso naranja difuminado y un azul tan bien difuminado que parecía dar camino al infinito. Despreocupado seguía pues, él tenía un gran secreto que lo hacía feliz, era uno de los pocos amantes del presente, único habitante del instante. Sin perderse caminaba hacia el aparente nodo (para los que no sepan el significado de la palabra nodo; nodo viene de la combinación de las primeras consonantes de la palabra NaDa y las primeras vocales de la palabra tOdO), sentía la certeza de que aún no sabiendo a dónde, iba a llegar a algún lugar, no a cualquier lugar, al suyo, al lugar para el que nació. Ese día fue la presentación de su llamado.

Fueron pasando las estaciones del año una y otra vez, las jacarandas caían, parecían desaparecer, reaparecían una y otra vez. El joven tenía su territorio delimitado y todos los días lo recorría desde aquel día en que oyó la primer señal de su llamado, había algo en ese tramo que no estaba viendo y necesitaba para poder continuar. Pasaron sus años, dejó de ser joven por fuera, después se fue alejando de su amante el presente. Un día se le olvidó por qué caminaba tanto, por qué siempre por ese mismo rumbo, así que decidió sentarse un rato, miró las suelas de sus zapatos ¿hace cuánto que no se compraba un par de zapatos?, ¿en algún momento de su vida compró unos zapatos? No recordaba su vida, no recordaba haber tenido una vida. Desorientado, confundido y cansado miró hacia el cielo nublado, las gotas que cargaba el cielo se apiadaron de él y decidieron bajar bailando a acariciar su rostro envejecido. "Sal, saben a sal" y de pronto vio el mar y la noche y acarició la luna y viajó sobre una estrella por todos los rincones del mundo y sintió amor y odio y tristeza y pasión y lujuria y miedo y dolor y terror y vértigo y ¡NODO!. Regresó, se encontraba en la banca donde había decidido sentarse a descansar, la boca le sabía a melancolía y sus ojos eran hermosos cristales. Vio hacia el frente, un edificio en ruinas que quedó atrapado en medio de los edificios que con la elegancia que tenían apagaban su historia y bella melancolía. Fue entonces que el joven, ahora viejo, entendió por qué caminaba todos los días por ahí.
Ahora le canta a los edificios (hechos "invisibles"), todas las tardes cuando el sol se va despidiendo de él y agradeciéndole por una bella compañía y la luna llega a saludarlo (pues el sol y la luna quedaron en mutuo acuerdo no dejar solo al joven cantante de los edificios olvidados por tener un hermoso oficio). Los transeúntes ingenuos piensan que les canta a ellos pero no han puesto mucha atención. No se han fijado en sus ojos, no se han dado cuenta que ellos sólo van pasando por ahí y que a quienes dedica sus cantos puede que se queden ahí por un largo rato pues al parecer los olvidados permanecen y crecen.







V. B. L