lunes, 22 de julio de 2019

Fui un buen intermedio.

Que bonita se ve con su barriga y su ropa amarillo-verde, su piel blanca y su cabello color oro; que bonita se ve descalza, arraigada, pisando el césped, mirando a sus cuatro perros, que bonito cuadro veo, una familia, ese pequeño ser formándose adentro de ella, la semilla que fecundaste y dentro de poco tendrás en tus brazos; que paz me da esa foto que no sabía que buscaba, ahora entiendo porqué tantas "pistas" aparecieron, me llevaban a una respuesta que no pregunté pero tenía que saber.

Puedo imaginarme el cuadro completo; ella está parada frente a ti, jugando con sus perros, tu estás sentado observándola, cayendo en cuenta de lo dichoso y feliz que eres, pensando que la casa donde viven será perfecta, que ya habían construido su hogar, su espacio, pero no se daban cuenta, entonces suspiras, y piensas, al mismo tiempo que tomas tu cámara, no puedo dejar pasar éste momento, y lo capturas, así yo te veo, ya no a través de tus ojos grises, a veces azules y otras verde, en los que alguna vez me reflejé y te vi mirarme, ahora a través de tus ojos vi, vas a ser padre. 

Que buen regalo de cumpleaños... ¿Qué espacio va a haber para mí?, ¿Para recordarme?, ningúno, nunca lo hubo. Fui fertilidad para los dos. 

Hay mucho verde, el cuadro es plenitud y ella, que bonita se ve. 

V. B. L

domingo, 14 de julio de 2019

Gotera.

Hoy empezó a caer mi primera gotera; tengo una grieta en el techo de mi casa por la que se han filtrado pequeñas y lentas gotas después del diluvio de la madrugada. Me esperó, o al menos eso quiero pensar, la gota para caer, no sé cuánto tiempo habrá esperado a que yo pasara para reposar en mi piel, tampoco sé qué hubiera pasado si por un segundo me hubiera retrasado, pero todo sucedió a tiempo, pasé a tiempo y pudo resvalarse en mí, esa fue la primera gota y pensé, ¿Qué destino tienen en el mundo las gotas que se filtran por las grietas de los techos de las casas?, ¿Cuál es su razón de existir?, entonces me traje un banquito, no sin antes poner una jícara que estaba a la mano para escuchar si caía otra, bajé a toda velocidad mientras, como de costrumbre, iba contando, regresé a los 25 segundos, un poco agitada, y aún no caía la segunda gota, ni asomos se veía de ella, me senté y comencé a contarlas. Han caído 56, 56 veces he escuchado el sonido de una gota  romperse al contacto con la jícara y convertirse en cientos de miles de pequeñas gotas, haciendo eco. Las gotas caen cada 57 segundos, tienen una caída uniforme, las hay unas más gordas que otras, y otras más sonoras que algunas, cada gota canta diferente, supongo que es porque, a pesar de ser aparentemente idénticas, no son iguales, cada una ha hecho diferentes recorridos, éstas, por ejemplo, cayeron en mi techo, cerca de o en mero arriba de mi grieta.

Su trayectoría, después de caer del cielo, chocar con el techo y hacerse charquito, es convivir un rato con sus otras hermanas, fundirse, mezclarse, dejar de ser una y hacerse una con las otras, cada vez que una gota llega a un charquito, crece, no en tamaño si no en memoria, por eso las gotas de agua son sabias, tienen infinidad de mezclas, de experiencias, nada más basta escucharlas caer para saber que han tenido un sin fin de destinos, que su agua es milenaria, que se empapan de ellas y siguen siendo la gota que cayo del cielo, solo que ahora con más y diferentes partículas en su ser. Después de un rato de convivencia, sus hermanas empiezan a acercarla a la grieta, no es una pelea aunque parece como tal, una vez llegada a la grieta, se ponen a lo largo, todo lo demás es, dejarse caer, así su cuerpo se modifica, se distribuyen, se hacen un hilito, se filtran por los poros del ladrillo, llegan al otro lado de la grieta y comienzan a agruparse de nuevo, una porción de cada gota enfilada forma la nueva, que también es la antigua, tiene porción de ella y de sus hermanas, luego, se vuelve a dejar caer, así llegan a mi jícara y se vuelven a repartir y separar para espererar a sus otras partes que se han quedado en el techo, cada una tiene su trayecto, por eso conocen de todo, ellas son de mundo.

Mientras contaba su llegada, cuando me iba acercando al 57 me emocionaba, como cuando esperas a que suceda algo que ya sabes que va a pasar,  como cuando jugaba a las escondidas y me iba acercando al número en el que abriría los ojos y buscaría o me buscarían, así con el tiempo de las gotas, ésta que se está formando me emociona de una forma diferente porque será la número 57 de los 57 segundos en mi jícarita, y uno en esas coincidencias espera que suceda algo especial aunque nunca sucede y una lo sabe, solo espera más emocionada.

Quizá sea la última gota, no sé cuánto charco quede en el techo, no ha salido el sol para evaporarlo pero ya llevo sentada dos días, ahora tengo un charquito en mi jícara, yo creo que casi se termina de vacíar.

V. B. L

viernes, 12 de julio de 2019

Hoy fue un 9.

Hoy traje un 9 impreso en la memoria como si, mientras dormía, hubieran entrado en mi mente e insertado ese 9.

¿Qué significa un 9?, ¿Es una fecha, un día, un mes, una hora pasada o venidera? Lo extraño de ese 9 desconocido es que me es tan familiar... como si estuviera en lo profundo de mis recuerdos, como si lo hubieran colocado en mi entraña.

¿Te acuerdas cuando nos pasábamos horas, sentados en la banqueta, frente al árbol de mi casa, platicando?, hoy me acordé de eso, sin darnos cuenta despedíamos y recibíamos la noche y el día juntos, algo que (cuando fuimos novios) jamás hicimos, nos daban las 00:00 hrs y a las 00:01 tu mamá salía a meterte... hoy me acordé de eso... de ti, pero, bueno, no hay día que no te recuerde, ya me acostumbré al asomo de tu ventana presente como un cuadro colgado en la pared de mi casa

¿Te acuerdas de qué platicábamos?... yo tampoco, no recuerdo de qué hablábamos, solo que podíamos pasar horas juntos, me hacías reír, mucho, y sentir más, al principio sin siquiera tocarnos o besarnos, solo queríamos estar juntos y la noche no nos bastaba...

¿Te acuerdas de nuestro primer beso? Hasta hace algunos... días (que se han convertido en meses que van para unos años), lo sentía en mi vientre, en cada bello erizado de mi piel y recordaba el momento, el viento, el sonido de ese silencio, la soledad de la avenida, la relatividad del espacio-tiempo, la temperatura, suavidad y húmedad de nuestros labios, el vapor de nuestro aliento, nuestros cuerpos juntos...

¿Te acuerdas de la última vez que nos encontramos en el metro bus? Ahí sí que tengo fresco el recuerdo, no tuvimos, después de tantos años de no vernos, nada de qué pláticar y... ya no queríamos estar juntos, cada uno quería seguir con su camino...lejos, lejos el uno del otro.

Quizá fue un 9 de algún mes, en un año pérdido, que nos encontramos, sentamos en la banqueta y pláticamos cosas sin sentido con tal de tenernos un rato más.

Llueve.
Llueve.
Ya no hay árbol.
Ya no vivo en aquella casa.
Ya no vives en aquella casa de a lado.
Ya no estamos.
Y aquí sigue lloviendo.

V. B. L