viernes, 21 de junio de 2019

Una hora, ¿cuántos minutos tienes?

14hrs son mis tortugas{si tomamos las horas como años} de mi vida {si tomamos mi vida como 23hrs, casi cumplo un día, +11 minutos pre (conteo que compartimos mi mamá y yo como hermanas siamesas del tiempo, conteo que se vuelve una vida dentro, literalmente, de otra) y 4 minutos pos de mis 23+ 5 segundos};conocidos han sido 2 segundos {si los segundos los tomamos como semanas y si los segundos los construimos con platicas verdaderamente sustanciales}; 90 minutos terrestres los habitan mis amores {si los minutos los tomamos como meses}, y escribo terrestres porque he tenido amores con los que se cuentan horas de vuelo e incluso existió uno con el que creé una llave en señal de tregua con el tiempo, éste, conmovido, no pudo poner objeción alguna y dejó de contarnos aunque siguió pasando para los demás e incluso dejó rastros de su paso en nuestro cuerpo pero en la memoria esa tregua se convirtió en recuerdos sin tiempo. 

En mi pequeño tiempo, ese tan mío, mis recuerdos miden… tengo una fórmula para ellos…

V= 23+ (4(30)+1)+5(24) [365(24x60)].60… y contando… modificándose a cada palpitar mío…soy una fórmula que ha cada segundo se construye, una fórmula inconclusa, pero, inevitablemente como todo lo humano, terminable. 


Los 9 segundos de mi hermano, las 22 horas de mi abuela, las 23 horas +11 minutos pre horas de mi madre, las 2 horas de vuelo, las -23horas+ 3.15 minutos de mi padre, los 4 minutos de amigas, 1 minuto de un Rino y 5 segundos de alta mar, están implícitos en los números, paréntesis, corchetes, puntos, signos y espacios de mi fórmula y hay 5 segundos pos, ese tiempo extra es solo mío, son segundos donde me desajusto del tiempo y me meto a las eternidades de los besos ajenos o míos,  así que mi fórmula se renueva, así se le suman recuerdos y se le resta tiempo, al final termino teniendo el mismo tiempo con ausencias o presencias, 23 horas, 11 minutos, 21horas, 48 segundos y contando... pasos hacia ese tiempo congelado, a ese sin tiempo al que me lleva el conteo.


V. B. L

Cartas al mar.


Necesito decirte por qué no regresaré a tu casa, aunque sé que lo sabes, supones o imaginas, necesito hacerte saber mis palabras, no son un reclamo, son lo que siento.

Necesito explicarte por qué te elegí a ti en silencio, cuando no imaginabas si quiera que yo ya te veía; una mañana pasaste y decidí que serías tú con el que me abriría, con quién me permitiría sentir, experimentar o vivir lo que he deseado, si corría con suerte y me mirabas; esa mañana en la que te vi pasar con tu cabello mojado, tu camisa rosa, tus sandalias, tu piel blanca que el sol acariciaba sutilmente y los ojos que no alcanzaba a verte, pensé "él merece ser amado bonito".

Necesito que sepas lo mucho que he añorado coincidir con un ser sincero y lo importante que esto es para mí, un ser abierto, libre (aunque sea un constante trabajo a cada momento), con quien pueda ser yo, que tenga disposición, espacio, apertura, que quiera querer, aprender, sentir, con quien poder compartir la mujer que soy, los ojos con los que miro y quien se quiera compartir conmigo y los ojos con los que mira y caminar, alguien con quien pueda hablar, escuchar, mirar y sentir, alguien que conmigo pueda hablar, escuchar, mirar y sentir. A veces la voz no me da y la mayoría de las veces mis palabras en papel o escritas son más sinceras y claras porque las concebí en completo silencio, y soledad (aunque esté rodeada de personas) al menos el silencio con el bullicio conocido de mi cabeza, por eso, también, te escribo. Me escribo.

Quiero estar con una persona que tenga espacio para mí, no que tenga un hueco para rellenar (no es egoísmo o narcisismo mío, es solo que he esperado mucho tiempo como para darme por vencida y conformarme), si no un espacio destinado al vacío, un vacío en el que yo pueda coexistir con su ser. 

No debí haber visto sus cosas, incluso, aunque aún estuviera presente en tu mente, alma, espíritu o cuerpo, incluso, aunque aún te doliera, la extrañaras, añoraras o quisieras, no debí haber llegado a su casa así porque aún está materializada, porque aún está, porque era su espacio, porque fue su casa, porque la construyeron ustedes para ustedes, porque estaba destinado para ella y para ti. Me sentí una intrusa y esperé tanto como para ser eso. No merezco, no quiero ser eso. 

Me es difícil creer que ya no está como una herida abierta en ti porque sigue. Me sentí invadida y, al mismo tiempo, invasora.

Sé que somos el olvido de otras personas, aunque sea en una pequeñita porción y sin quererlo. Sé que tenemos recuerdos e historias y que a veces recordaremos estando con nosotros a esos seres que han pasado en nuestras vidas y será inevitable y sin querer hacernos daño, pero hemos amado y recordamos hasta que el recuerdo solo nos visita y no duele, no se queda, solo pasa, hasta que no pasa más porque estamos absortos en nosotros, porque después los recuerdos seremos nosotros. 

No fue un acierto entrar a tu casa cuando alguien más sigue porque tu casa es tu cuerpo y tu cuerpo contiene todo tu ser, sensaciones, emociones, pensamientos, recuerdos, anhelos, etc. No es que no pueda con la idea de que hay espacios que ocupan nuestros amores, lo que me dolió fue verlo, llegar a un lugar ocupado, (de alguna forma el anonimato funciona aunque lleguemos a conocer sus rostros y saber ciertas cosas pero no sabemos quiénes son, no conocemos sus cosas), cuando yo me he tomado el tiempo de limpiar ese espacio en mí para alguien nuevo, alguien a quién no conocía, alguien a quien esperaba, ese alguien que ahora tiene tu nombre y ese espacio vacío y limpio que hice para ti. 


Lo has hecho sin saberlo y te lo hice saber, solo quiero dejarlo escrito; necesito que nos seamos sinceros porque voy a confiar en ti. Confiaré en mis ojos que te vieron y te eligieron en silencio. Confiaré en que el Universo te puso en mi camino y supe verte. 

La primera noche/madrugada que me quedé contemplándote te di la bienvenida porque al mirarte recordé mi finitud, estando entre tus brazos me visitó el pensamiento que me abruma estando sola, moriré algún día, y entonces me di cuenta que ya eras parte de mí y lo serás de mis futuros recuerdos, me di cuenta que en el ocaso de mi vida en mi memoria pasarás. 

Encontré mi mar, un mar que quiero sano, no en donde perderme en la ansiedad, duda, dependencia u obsesión si no en donde sentir y ver con calma,  donde ser libre y sentirme en paz contigo y sin ti y que ese mar también se sienta libre y en paz conmigo y sin mí.

V. B . L

jueves, 6 de junio de 2019

Casa Rivas Mercado.

Hay lugares que sobreviven al deterioro como las personas al olvido; la casa Rivas Mercado es uno de esos lugares, el ambiente es apacible, sonoro, húmedo, luminoso, incluso en el sótano entra la luz y toda ella, inspira.

Bellavista se llamó en algún tiempo, cuando el panorama hacía honor a su nombre, había hectáreas de árboles frutales, flores, un acueducto, familias de escasos recursos que vivían en edificios coloniales antiguos, luego fue hogar de familias de obreros y después llegaron a erguir sus mansiones las familias de clase media alta. Los usos y costumbres de hombres y mujeres empezaron a modificar la vista, personas emigraron y otras regresaron o llegaron, ahora es un lugar de grafities, olor a caño, suciedad, reggaeton, tendederos de ropa, aroma a tacos, ruido, misas, de esa Bellavista solo quedan construcciones antiguas dañadas y algunos árboles, ahora en su lugar hay vecindades, edificios con departamentos que encierran a decenas de familias, el acueducto ya no es visible pero a 20 metros de profundidad Tenochtitlán aún sobrevive y reclama su territorio por los suelos húmedos que se hunden.

En algunas de esas vecindades, la comunidad conservó pedazos de una mansión (pequeña comparada con las de otros de su época) abandonada, resguardaron las piedras y cuando comenzó la restauración, llevaron los pedazos de historia que salvaron durante algunos años.

¿Por qué venimos a llevarnos un pedazo de piedra, mamá?
Para guardar la historia en nuestra casa, hijo, en lo que la gente que la olvidó regresa por ella (imagino).

Ahora las piedras de la Casa Rivas Mercado tienen en cada granito más historias pues no solo vieron escribir a Antonieta, dibujar a Antonio, hacer berrinche a Alicia o discutir a Mario y Amelia, también han visto estudiar arquitectura a Marina y cantar a Joaquín, ahora en algunos cuartos de vecindad se escucha a Mozart y ensayan una y otra vez, estudian política, sociología, derecho, economía, biología, filosofía, ingeniería, teatro, danza, medicina... Bellavista se modificó, hoy es la Colonia Guerrero, la vista bella se convirtió en folclore y encierra una belleza diferente pero es inevitable extrañar la naturaleza que un día la rodeo; al caminar por sus pasillos se antoja imaginar el horizonte de ese entonces, respirar ese oxígeno y poner enfrente de una de las ventanas un escritorio para crear, fundar una escuela y enseñar con es paisaje como fondo, crear, eso trasciende el tiempo, Antonio y Antonieta crearon, enseñaron, impulsaron y dieron cobijo, ahora el legado continuará, la Casa Rivas Mercado se convertirá en un Centro Cultural donde espero también alberguen a futuros artistas que siguen intentando desde ese lado del mundo.

V. B. L

Sigo "coincidiéndote".

Hoy así te vi, a través de papel. Iba pasando y ahí estabas, sonriente, impreso, te reconocí por tus labios, luego vi tus dientes (ya te quitaste los brackets), busqué tus ojos (siguen siendo de pellizcada cuando sonríes o los entre cierras), después tu cabello (ahora tu casquete corto es más notable) y al final tus manos, volví a ver tus labios para asegurarme que fueras tú, por supuesto que eras tú, escanee la fotografía (te sienta bien el uniforme de gala), sonreí. Nunca puedo creer que sí eres tú a la primera que te reencuentro, necesito tomarme unos segundos para enfocar tu presencia en mi presente...
Cada cierto tiempo te encuentro, ahora fue en una estación del metro, en fotografía y tamaño mural para verte bien.
Hoy no iba para allá pero me equivoqué de dirección, me bajé en esa estación, regresé a la dirección que debía tomar y habiendo tantos lugares por dónde llegar, decidí irme por el que me llevó a encontrarte una vez más. Iba de pasada, solo voltee unos segundos porque supongo que "algo" me llamó la atención, creo que fue el color de tu piel morena clara que se camuflaba con el de las otras personas, y me bastó esa pasada, me bastó ese costado de pared en el que te pusieron, ese micro segundo para que entraras por la orilla de mi pupila y me hicieras detener, regresar, acercarme para verte, para tomarme otros segundos y enfocarte, ahora más lejos, a miles de años luz de mí.

V. B. L