Hay lugares que sobreviven al deterioro como las personas al olvido; la casa Rivas Mercado es uno de esos lugares, el ambiente es apacible, sonoro, húmedo, luminoso, incluso en el sótano entra la luz y toda ella, inspira.
Bellavista se llamó en algún tiempo, cuando el panorama hacía honor a su nombre, había hectáreas de árboles frutales, flores, un acueducto, familias de escasos recursos que vivían en edificios coloniales antiguos, luego fue hogar de familias de obreros y después llegaron a erguir sus mansiones las familias de clase media alta. Los usos y costumbres de hombres y mujeres empezaron a modificar la vista, personas emigraron y otras regresaron o llegaron, ahora es un lugar de grafities, olor a caño, suciedad, reggaeton, tendederos de ropa, aroma a tacos, ruido, misas, de esa Bellavista solo quedan construcciones antiguas dañadas y algunos árboles, ahora en su lugar hay vecindades, edificios con departamentos que encierran a decenas de familias, el acueducto ya no es visible pero a 20 metros de profundidad Tenochtitlán aún sobrevive y reclama su territorio por los suelos húmedos que se hunden.
En algunas de esas vecindades, la comunidad conservó pedazos de una mansión (pequeña comparada con las de otros de su época) abandonada, resguardaron las piedras y cuando comenzó la restauración, llevaron los pedazos de historia que salvaron durante algunos años.
¿Por qué venimos a llevarnos un pedazo de piedra, mamá?
Para guardar la historia en nuestra casa, hijo, en lo que la gente que la olvidó regresa por ella (imagino).
Ahora las piedras de la Casa Rivas Mercado tienen en cada granito más historias pues no solo vieron escribir a Antonieta, dibujar a Antonio, hacer berrinche a Alicia o discutir a Mario y Amelia, también han visto estudiar arquitectura a Marina y cantar a Joaquín, ahora en algunos cuartos de vecindad se escucha a Mozart y ensayan una y otra vez, estudian política, sociología, derecho, economía, biología, filosofía, ingeniería, teatro, danza, medicina... Bellavista se modificó, hoy es la Colonia Guerrero, la vista bella se convirtió en folclore y encierra una belleza diferente pero es inevitable extrañar la naturaleza que un día la rodeo; al caminar por sus pasillos se antoja imaginar el horizonte de ese entonces, respirar ese oxígeno y poner enfrente de una de las ventanas un escritorio para crear, fundar una escuela y enseñar con es paisaje como fondo, crear, eso trasciende el tiempo, Antonio y Antonieta crearon, enseñaron, impulsaron y dieron cobijo, ahora el legado continuará, la Casa Rivas Mercado se convertirá en un Centro Cultural donde espero también alberguen a futuros artistas que siguen intentando desde ese lado del mundo.
V. B. L

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